Botín de guerra, lamentan víctimas

Portada publicada el 21 de febrero del 2003. CP
Portada publicada el 21 de febrero del 2003. CP

PUBLICADO 21 DE FEBERO 2003La persecución policial, los destrozos y daños de los agentes se perpetraron en las viviendas de los tsotsiles donde solo había mujeres, niños y ancianos que permanecían a “piedra y lodo” desde el bloqueo de la carretera.

Afectados

Por donde pasaban los uniformados, apresaban a la gente que se cruzaba en su camino: mecánicos, campesinos, albañiles y parroquianos que estaban de visita en algunas viviendas o deambulaban por las polvorientas calles.

María Esther de la Torre y sus padres lloraban por el arresto de José Reyes Mendoza de la Torres y el robo de 5 mil pesos. “Se llevaron a mi cuñado”, lamentaba la mujer acompañada de sus padres en la vivienda de adobe y techo de lámina.

Cerca de ahí, Eduardo Isaías mostraba su televisor destruido. “Le metieron un culatazo, porque piensan que ahí guardamos nuestro dinero”.

Francisca Mendoza de la Torre contó que los uniformados la amenazaron para que abriera su ropero, donde uno de ellos sustrajo 15 mil pesos. Aunque denota tristeza, la mujer se controla para no llorar.

José del Carmen Velásquez Mendoza, con ánimo sobrado y molesto, mostró a los reporteros los daños que ocasionaron los policías en su casa.

Bartolomé Mendoza de la Torre tenía guardados en una olla de peltre, 30 mil pesos para la compra de ganado y desaparecieron después de la irrupción policial en su casa.

Dos bombas de gas lacrimógeno percutidas están a pocos metros de la entrada.

Hacia las 13:00 horas del miércoles, decenas de casas estaban desoladas. Las mujeres habían huido al centro del poblado, pues temían una nueva incursión de los uniformados que rumiaban su botín frente a la Clínica del IMSS: 48 detenidos.

El niño Bartolomé Pérez Martínez, de 14 años de edad, se quejaba de los golpes que le propinaron los agentes.

Había sido capturado, pero fue dejado en libertad a los pocos minutos. Un golpe en la región hepática le provocaba aún intenso dolor y unas cuantas lágrimas salían de sus ojos negros.

En la tienda de doña Fulvia Hernández Vázquez, los policías se robaron cuatro mil 500 pesos de una cartera.

Un albañil que construía una casa dejó la cuchara y la mezcla en el andamio. Nadie sabía su nombre.

A Fernando Jiménez Espinoza le destruyeron el parabrisas de su camión. Cerca de ahí fue arrestado Antonio Mendoza, un anciano que hacía varios días estaba con fiebre.

Doña Rosario de la Torre lloraba porque los gendarmes le destruyeron la puerta principal de su casa.

María Velasco denunció que los policías destruyeron un taxi y una combi, y además se llevaron a su esposo Óscar López Morales y a su hijo, Óscar Gabriel López Velasco, cuando arreglaban un auto.

Cerca de ahí, más de media docena de pintores y mecánicos fueron arrestados.