Brasil: una apuesta inteligente

"Hernán Gómez * El Universal. En noviembre de 2007, ingentes cantidades de petróleo fueron descubiertas en el litoral brasileno, en una enorme área submarina localizada debajo de una capa de sal de dos kilómetros de espesor bautizada como Presal. Se trata de un petróleo de buena calidad, cuya exploración en áreas profundas requiere de grandes inversiones.

El descubrimiento del Presal abre oportunidades antes impensables. Hace de Brasil el séptimo país petrolero a nivel mundial y refuerza su liderazgo dentro de las potencias emergentes.

Hallazgos de este tipo no son sólo una ""bendición de la naturaleza"" o un ""regalo de Dios"". Son el resultado una política decidida de incentivo a la exploración y de medidas exitosas para capitalizar el sector. Tan sólo entre 2003 y 2008, los recursos que la estatal Petrobras destinó a investigación y desarrollo aumentaron de 201 a 960 millones de dólares.

Por más de un ano el gobierno del presidente Lula ha discutido con sus aliados el marco legal a través del cual se explotarán estos nuevos yacimientos. Luego de dichas deliberaciones se ha resuelto que el Estado, a través de Petrobras, sea el virtual dueno de todo el petróleo existente. En áreas de mayor riesgo y dificultad de extracción, las empresas privadas serán invitadas a participar, siempre que la paraestatal conserve una participación mínima de 30%

Resulta interesante observar las condiciones a través de las cuales se dará la incorporación del sector privado. El gobierno no ha dado su brazo a torcer: para participar de esta enorme riqueza, las empresas deberán asumir riesgos. Para empezar, todos los costos asociados a la investigación para encontrar crudo en sitios específicos deberán ser enteramente asumidos por las empresas interesadas. Sólo más tarde serían compensadas en caso de que efectivamente se encuentre el crudo.

Desde 1997, Petrobras funcionó por medio de un régimen de concesiones a través del cual las instalaciones eran cedidas a empresas multinacionales para que éstas gozaran de un acceso irrestricto al gas y al petróleo. Lula pretende modificar sustancialmente este arreglo. Sin alterar los contratos existentes, los nuevos yacimientos que incorporen la participación del capital privado serán explotados bajo un régimen en el que el Estado es el principal propietario.

Lo más interesante quizá es el uso que se dará las ganancias que provengan de la extracción. En lugar de ser quemados en el presupuesto federal, se creará un fondo inspirado en el modelo noruego. En bancos nacionales e internacionales se depositarán esos recursos para financiar proyectos relacionados a la educación, la erradicación de la pobreza, el desarrollo científico y tecnológico, así como para fortalecer la propia infraestructura del sector petrolífero.

De lograr la aprobación del Congreso, las medidas que el gobierno brasileno tomará refuerzan el papel estratégico del Estado, ese ente que, hasta hace poco, algunos veían como un dinosaurio en extinción. En los últimos anos, gobiernos de centro-izquierda en la región han tomado medidas similares para asegurarse el control de sus recursos. Aunque los medios de Lula sean distintos, el objetivo final es el mismo: apropiarse de una proporción mayor de la renta nacional para beneficio de la sociedad.

Los mercados no han tardado en reaccionar frente a una propuesta que consideran ""estatizante"". Al día siguiente de anunciarse el nuevo marco regulatorio del Presal, la bolsa de Sao Paulo bajó en 2.5%. Sin lugar a dudas, el sector privado esperaba una tajada mayor. Pero el gobierno ha jugado sus cartas con inteligencia. Aunque lloren y pataleen, al final estarán ahí porque es mucho más lo que tienen para ganar de lo que pueden perder.

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* Analista político

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