Brasil y el petróleo

De entre las variadas experiencias útiles que Sudamérica puede aportarle a nuestro país se encuentra el modelo de desarrollo energético de Brasil, que es un caso de éxito del que Pemex bien podría nutrirse.

Sobre todo si hay la voluntad de ambos países para estrechar lazos en la materia, como se refrendó ayer en Brasilia, durante la visita que hiciera el presidente electo de México, Felipe Calderón, quien sostuvo reuniones de trabajo con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y con el titular de la empresa estatal petrolera brasilena Petrobras, José Gabrielli.

En estas sesiones se acordó que ambos países compartirán conocimientos, tecnologías y experiencias en materia de extracción petrolera en aguas profundas y en el uso del maíz y la cana de azúcar como generadores de energía alternativa a base de etanol.

Más aún, el caso de Petrobras nos puede servir de ejemplo de cómo una empresa estatal puede conseguir financiamiento en los mercados, sin desviarse de su utilidad pública y sin sacrificar la soberanía del país. Hace nueve anos la empresa brasilena colocó en la bolsa de valores acciones a disposición del público, permitiendo de esta manera la complementación del capital privado a la empresa pública.

Desde entonces ha generado resultados tan contundentes como haber duplicado su producción, pasando de menos de un millón de barriles por día en 1997, a dos millones en la actualidad, mientras que ha incrementado sus reservas de crudo de 7 mil a casi 12 mil millones de barriles, similares a las que hoy tiene Pemex.

México requiere aprender de tales experiencias y tomar lo que pueda ser funcional para nosotros. Ciertamente, la extrapolación automática del modelo brasileno es imposible en tanto no se actualice nuestro marco legal, que hoy día impide a la paraestatal recibir inversión privada o establecer alianzas estratégicas con otras empresas.

La misma Petrobras ha manifestado su interés en asociarse con Pemex para explorar hidrocarburos en aguas mexicanas del golfo de México, lo que actualmente no permite la ley.

Es tiempo, entonces, de que aquí revaloremos la necesidad de impulsar una reforma energética que haga compatible nuestro marco legal con lo que está viviendo el mercado petrolero mundial, sin arriesgar un ápice de soberanía nacional ni privatizar aquello que pertenece a los mexicanos. El caso brasileno es, en ese sentido, paradigmático.

Por supuesto, el inevitable declive productor de los principales pozos petroleros mexicanos nos obligará, en el futuro mediato, a buscar hidrocarburos en aguas de cada vez mayor profundidad, lo que exigirá una fuerte inversión de recursos con los que actualmente no cuenta Pemex, sin mencionar la necesaria experiencia en este tipo de explotación.

El acercamiento con Brasil también ha de servir para conformar una potencia regional en materia energética que sirva de equilibrio en el continente y sirva para la estabilidad de precios a nivel mundial.

No podemos desperdiciar nuestra riqueza energética por prejuicios ideológicos que ya no se sustentan en los umbrales del siglo XXI. Requerimos de un debate moderno que genere un gran consenso nacional. (El Universal)