Productores de la Escuela de Campo para Agricultores (ECA) Dos apuestan por el cultivo y transformación del maíz de guinea, conocido de manera local como puxinú, un producto con amplia tradición en Tuxtla Gutiérrez que destaca por su conservación, aceptación en el mercado y potencial para fortalecer la economía familiar.
Sarain Sánchez Sánchez, integrante de la zona de Cerro Hueco en Tuxtla Gutiérrez, explicó que este producto representa una opción viable para la producción urbana debido a sus características de conservación y comercialización.
“Es el maíz que estamos apostando en la producción urbana, porque no lo roban y lleva un proceso para su producción, transformación y comercialización”, señaló.
Destacó que la aceptación ha sido favorable en el mercado, además de que puede ser conservado durante mayor tiempo, a diferencia de las hortalizas que son para el consumo o venta diarios.
Grupo de productores
En la actualidad, en la zona existe un grupo de productores dedicado al cultivo de esta variedad de maíz y a su transformación en dulces tradicionales.
Sin embargo, solo dos familias realizan el proceso completo, desde la siembra hasta la comercialización del producto terminado.
Mediante talleres y capacitaciones buscan que más familias se integren a esta actividad para generar mayor valor agregado a la producción local.
“Lo que buscamos es que más productores aprendan todo el proceso y puedan obtener mayores ganancias”, comentó.
Un proceso poco conocido
Aunque el puxinú es un producto tradicional de la región, muchas personas desconocen el trabajo que implica su elaboración.
El proceso puede compararse con la preparación del maíz palomero, aunque con diferencias importantes.
Primero, las semillas deben lavarse para retirar impurezas y seleccionar solo aquellas que tienen el peso adecuado.
De forma posterior se dejan secar antes de colocarlas al fuego, donde revientan de manera similar a las palomitas de maíz.
Una vez reventado el grano, este se mezcla con panela de consistencia pegajosa y después se extiende sobre una mesa para compactarlo con un rodillo.
Al finalizar, se corta con mucho cuidado con un machete afilado para darle la forma característica con la que se comercializa.
“El proceso es completamente artesanal y requiere tiempo, dedicación y mano de obra”, explicó.
Valor agregado para las familias
A pesar de la complejidad de su elaboración, el producto se vende aproximadamente en 25 pesos por pieza, un precio que, según los productores, no siempre refleja el esfuerzo invertido.
“Si la gente supiera la cantidad de trabajo que lleva elaborarlo, no le parecería tan alto su costo”, afirmó Sánchez Sánchez.












