La falta de financiamiento al sector agropecuario es causa de una alta migración de campesinos de diversas regiones de Chiapas hacia otros estados del país y a los Estados Unidos.
Además, esto ha provocado la caída en la producción de diversos cultivos, entre ellos el maíz, y ante ello, la entidad ha dejado de ser el granero del sureste.
Al respecto, Corazón Gómez Consuegra, integrante del Comité Estatal de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (Cioac), dijo que la implementación de complicadas reglas de operación para obtener apoyos federales, así como la estandarización del precio, ha traído diferentes consecuencias, entre ellas no poder colocar el grano en países centroamericanos.
Expuso que la producción ha caído considerablemente en los últimos seis años por dos grandes problemas: la falta de apoyo oficial y la migración de los campesinos.
De acuerdo con los datos con que cuenta esa organización, la cual tiene un padrón de ocho mil productores en diferentes puntos de la geografía chiapaneca, la producción de maíz ha disminuido hasta en un 50 por ciento.
“No hay financiamiento hacia el campo, antes estaba la Financiera Rural que apoyaba a los campesinos y a raíz de que ha dejado de operar, emigró mucha gente al norte del país y a los Estados Unidos”, indicó.
Asimismo, advirtió que la falta de la entrega de los recursos de programas para el campo en tiempo, también pone en riesgo la producción del ciclo 2020-2021.
“Chiapas por varias décadas fue el granero del sureste, sin embargo, la migración es una de las causas de que los productores de este importante grano se encuentren en su peor momento”, remarcó.
En este punto expuso que el maíz que actualmente se consume en Chiapas es forrajero, procedente de Estados Unidos, es de la más baja calidad usada en este país para alimentar ganado, es decir, la entidad recibe el producto que puede ser cuestionable para el consumo humano.
Otra de las afectaciones que se están presentando actualmente es que la Federación regularizó el costo de la tonelada de maíz, lo que en un primer momento resultaría positivo para los productores.
Aclaró que ante los controles excesivos en la calidad, finalmente les termina afectando, toda vez que “el programa federal que compra el maíz en un aproximado de cinco mil pesos la tonelada, pero el grano no debe tener una sola imperfección, caso contrario lo rebotan”.
Aquello propicia que cuando lo ofertan a otros mercados, por ejemplo, el centroamericano, no lo aceptan a ese costo, en virtud a que consideran que es un producto de mala calidad, aunque no lo sea.
Esa situación estaría obligando a los campesinos a caer con los “coyotes” e intermediarios para dar salida a su producto, pero en detrimento de su propia economía.












