Cambiar para seguir igual

"La novela 'El gatopardo' refleja la idea de cambios que permiten que todo siga igual y los cambios recientes en el Frente Amplio Progresista (FAP) hacen pensar en una situación de ese tipo.

La nueva dirigencia del FAP tiene sin duda experiencia, capacidad y calidad política para encabezar ese y cualquier movimiento, pero lleva a dos preguntas no tan simples: zdónde está la izquierda? zDónde está la renovación?

De alguna forma, la fotografía de la reunión del FAP del miércoles pudo haberlo sido hace 25 anos con una leyenda en la que se mencionara la distinguida militancia priísta de los fotografiados.

La integración de personajes de esa imagen podría ser interpretada también como un triunfo de los tránsfugas del PRI por encima de un aparato de izquierda ideológica que aparentemente no ha podido competir con la praxis y la capacidad de adaptación y manejo político de aquellos.

Nadie puede dudar de la experiencia y capacidad de un Porfirio Munoz Ledo, ex presidente del PRI, que ha sido secretario de Estado, embajador, senador y fundador del PRD. Pero con todo el respeto que ha conquistado y merece, difícilmente se le podría considerar como ""cara nueva"" y algunos cuestionan su ""izquierdismo"", al menos en términos marxistas.

Y lo mismo puede decirse de Andrés Manuel López Obrador, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Arturo Núnez, Dante Delgado, Ricardo Monreal y hasta Alberto Anaya, dirigente del PT al que se considera ""hechura"" de Raúl Salinas...

Peor aún, hace todavía pocos anos algunos de ellos eran duros críticos de los otros, como los intercambios entre el aún priísta Núnez y la perredista Dolores Padierna, hoy en el mismo lado.

Atrás quedaron los cuadros de los viejos partidos de izquierda que se coaligaron en el PRD, como el Comunista y el Socialista de los Trabajadores. Y de ellos, muchos de los nombres que aún figuran son de personajes tan veteranos como Pablo Gómez o Graco Ramírez...

El partido del cambio, pues, no lo parece tanto.



El narco crece y se diversifica

Tristemente, la reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, en Palacio Nacional, fue un informe de bajas en la lucha contra la delincuencia organizada, incluido un conmovedor minuto de silencio en memoria de los caídos.

Policías, soldados, marinos, periodistas y civiles han sido sacrificados por un enemigo que ha infiltrado los cuerpos policíacos y extendido su acción delictiva a la extorsión, el secuestro y el robo de autos, amén de estimular el consumo interno de enervantes, como comprueban cinco gobernadores de estados fronterizos. También incursionan en negocios de apariencia legal.

Los criminales se cuelan en las policías a fuerza de amenazas y dinero. No bromean, pues actúan en general impunemente.

El presidente Calderón pidió a gobernadores, procuradores, secretarios de Seguridad y a sus colaboradores sumar fuerzas para derrotar a la delincuencia y recuperar los espacios públicos convertidos en zona de disputa entre las bandas.

Desde luego, Calderón está seguro de que sí es posible derrotar a la delincuencia, si se actúa coordinadamente.

Esta cooperación no es fácil de lograr. En el fondo, hay funcionarios federales que recelan de algunos gobernadores y hay mandatarios estatales reticentes a dejar el campo libre a los federales, también por desconfianza. La división y las suspicacias benefician a los malos. (El Universal)

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