Cambios en la PGR

"El procurador general de la República, Daniel Cabeza de Vaca Hernández, ha dado comienzo a lo que debiera ser una vasta renovación de mandos que la institución tiene en todo el país. Los cambios de delegados de la PGR emprendidos en nueve estados y de jefes regionales de la AFI en siete entidades federativas están dirigidos a depurar el aparato dedicado al combate al narcotráfico y ocurren a un mes de que, a instancias de Estados Unidos, se puso en marcha el operativo México Seguro, para reducir la violencia de los narcotraficantes en la frontera norte.

La Procuraduría es la pieza maestra del sistema de justicia. En su desempeno profesional en materia de investigación, en su imparcialidad política y en sus resultados descansa en buena medida la seguridad pública, cuya garantía es el primero de los muchos y muy grandes deberes que el gobierno tiene con la sociedad.

El crimen organizado conoce tan bien lo que significa una verdadera Procuraduría, que permanentemente busca cómo infiltrarla, corromperla, anularla y espiarla, o combatirla eliminando a sus agentes más aptos e íntegros. La suerte de sus operaciones depende del éxito que tenga en su propósito saboteador que deje en nada, o la haga parcialmente aliada, a esta institución federal.

En ninguna época reciente la Procuraduría ha sido motivo de orgullo para la sociedad mexicana. A veces era simplemente un instrumento más del ilimitado poder del Ejecutivo, a cambio de lo cual muchos de sus agentes podían disfrutar de una virtual patente de corso que les permitía trabajar en paralelo con los delincuentes u obligarlos a compartir su botín a cambio de impunidad.

De acuerdo con el subprocurador Gilberto Higuera Bernal, estos cambios se dan con la finalidad de ""evitar la corrupción y desviación de servidores públicos"", proceso que inició desde 2001 y que al mismo tiempo pretende garantizar la permanencia de los mejores elementos.

Muchos jefes judiciales se hicieron famosos no por las investigaciones que debían cumplir, sino por su crueldad como torturadores, actos delictivos y méritos en la guerra sucia contra los inconformes o los opositores. Los tantos a favor de la justicia son mucho menos brillantes y numerosos que las anotaciones en contra. La zona en que la ley y el crimen se confunden debe dar lugar a una línea fronteriza nítida, que no deje dudas de lo que hay a cada lado. No se debe ser tan ingenuo para creer que un simple cambio de personas va a significar una renovación profunda. Pero si junto con el cambio de personas plenamente reconocidas por su limpieza y competencia policiaca se revisan las estructuras, se modernizan los sistemas, se perfeccionan los centros de información, antecedentes e inteligencia, se amplía la coordinación entre las entidades de seguridad y se establece una estricta supervisión interna del funcionamiento de personas, métodos y equipos, quizá podamos decir que vamos en la dirección correcta.

Es plausible, entonces, el objetivo de estos cambios emprendidos por la PGR, con los cuales pretende mejorar los estándares de investigación y persecución de los delitos federales, así como establecer mecanismos de colaboración con autoridades de los tres niveles de gobierno.

La sociedad está ansiosa de tener motivos para dar un voto de confianza en la búsqueda de una nueva Procuraduría, antes de que el crimen organizado siga escalando más posiciones de poder. Los cambios son, pues, un paso importante entre las medidas necesarias para salvaguardar la seguridad nacional. (El Universal)

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