Los resultados de los comicios para gobernador, diputados locales y presidentes municipales en el estado de México nos permiten hacer una serie de observaciones que tienen que ver no sólo con las elecciones mismas, sino con el procedimiento y los gastos erogados para llegar a las cifras que hasta este momento conocemos.
Junto a campanas multimillonarias, abrumadoras en los medios de comunicación y en el paisaje citadino y rural de la entidad, la concurrencia de los votantes fue de mucho menos de la mitad del padrón, que es de casi nueve millones de ciudadanos. Cerca de 60%, de acuerdo con cifras del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), se abstuvo de acudir a las más de 15 mil casillas de votación.
Evidentemente, uno de los grandes problemas que hoy enfrentan los procesos electorales en México es el del gasto excesivo en las precampanas de cualquier candidato. Esto, sin lugar a dudas, exige una revisión rigurosa y una legislación que lo regule.
Las elecciones, para ser confiables, requieren de la inversión que proviene de los impuestos que todos cubrimos; pero México es un país de carencias mayores que demandan también aportaciones cuantiosas del erario y que han sido postergadas ano con ano, como son salud, educación, investigación científica, comunicaciones y seguridad.
Es el caso del estado de México, el gasto electoral choca con los resultados. Cada voto termina con el doble del costo calculado, simplemente por vía del abstencionismo. zEn qué estamos fallando? El desaliento de los votantes tiene sin duda varios motivos. El poco aprecio por los limitados resultados de los gobiernos, la lejanía con que se ve el manejo de la República, lo ofensivo que resulta el derroche ante la precariedad de la propia existencia cotidiana, los lamentables incidentes a que descienden ciertos candidatos.
Hace falta profundizar más en estas causas, conocerlas bien, entenderlas mejor y plantear fórmulas para combatirlas.
Además, el caudaloso gasto de algunas de las campanas que acabamos de ver, y que rebasa los costos de procesos similares de los países más ricos del mundo, incide también de manera notable en el desequilibrio de las contiendas. Estamos en tiempos en que las elecciones no se ganan solamente por el crédito de los partidos, la bondad de sus propuestas políticas o la calidad y atractivo personal de sus candidatos, sino por el número de millones de pesos que se aplican en difundir su imagen, su nombre y alguna frase inocua por todos los medios posibles, incluyendo el servicio postal y telegráfico, y los correos electrónicos y las llamadas telefónicas.
Algunos actores políticos, miembros de partido, han dicho que impugnarán los resultados en el estado de México.
Es el caso del PRD, el cual argumenta excesos en los gastos de campana por parte del candidato priísta. Corresponde a la autoridad electoral verificar este aserto y, en su caso, resolver en consecuencia de acuerdo con las leyes relativas.
Pero por encima de los litigios que esta acusación asunto cause en las próximas semanas, los gastos de precampanas y de campanas son ya tema de perturbación constante en las elecciones, por lo que es hora de que el Instituto Federal Electoral, los partidos políticos y los cuerpos legislativos encaren la tarea de regular el gasto de precampanas, supervisarlo, penalizar los excesos con algo más que multas y frenar los desequilibrios e inequidades que esta erogación desmesurada fomenta. (El Universal)











