"Siempre nos hemos llevado bien con los canadienses. En broma, en los círculos diplomáticos, suele llamárseles los ""gringos buenos"". A lo largo de nuestra historia hemos mantenido una relación bilateral tranquila, solemos admirar su nivel de vida, su respeto por los derechos humanos y la diversidad cultural. Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte nuestro comercio ha ido en ascenso. Sin embargo, siempre hay la sensación de que pudiéramos hacer más y que a nuestra relación le falta explosividad y ambición de metas. Además del TLC, que ha triplicado nuestro intercambio comercial en poco más de una década, tenemos firmados acuerdos en materia de seguridad regional, de trabajadores agrícolas -por el cual 12 mil compatriotas van a laborar a Canadá cada ano- y varios en materia de educación y ciencia, que ha hecho que 10 mil mexicanos estudien allá cada ano. El turismo es incipiente: sólo vienen a nuestro país poco menos de 3 mil turistas canadienses huyendo de su invierno.
Para el tamano de ambas economías, los números no dejan de ser modestos, quizá en gran parte por el enorme peso de la relación de las dos naciones con Estados Unidos. Ni modo, el país continente está ahí, en medio de los dos.
Aun así, es un desperdicio que siendo socios regionales, no lo explotemos para fortalecer la competitividad norteamericana en un mundo cada vez más global.
Si bien Estados Unidos ha podido hasta ahora ser, por sí solo, el motor regional; México y Canadá, unidos, aportarían valor agregado a esta parte del mundo que, como todas las demás del planeta, enfrenta el reto asiático que altera los equilibrios financieros, comerciales y geopolíticos como hasta ahora los hemos conocido.
Por eso es que no podemos seguir siendo, mexicanos y canadienses, sólo espectadores pasivos de lo que está pasando en el mundo. Llevarnos bien es una buena base, pero no basta para que seamos verdaderamente complementarios.
Un ejemplo de lo mucho que se puede hacer todavía en materia de cooperación bilateral es la agenda que se analizará a partir de hoy en la 14 reunión interparlamentaria México-Canadá, que incluye temas energéticos, laborales, tecnológicos y educativos. Legisladores mexicanos pedirán, entre otras cosas, que el acuerdo de jornaleros agrícolas -ejemplo de que dos países pueden tener una migración legal y ordenada- se amplíe a trabajadores de la construcción y del sector de los servicios.
Es importante que en México nos demos cuenta de la importancia de estrechar lazos con Canadá, pero más lo será que allá entiendan que trabajar con nuestro país no es una cortesía regional, sino una herramienta útil como factor de equilibrio en nuestro vecindario.
Para ambos, entenderse con los estadounidenses -lo cual nunca es fácil- resulta inevitable, pero Canadá y México deben tener la certeza de que ampliar las potencialidades del intercambio entre nosotros no sólo fortalecerá a Norteamérica, sino que a cada uno le hará menos escabrosa la convivencia con el gigante. (El Universal)
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