El coronavirus no sólo deja pérdidas materiales y humanas en la región, sino la cancelación de celebraciones ancestrales, como la tradicional feria en honor a San Agustín, patrono de Teopisca, cuyo día principal es hoy 28 de agosto.
Los teopisquenses señalan que no hubo la coronación de su reina, comida del recuerdo, actividades culturales y deportivas, como la tradición función de box, así como la presentación de grupos musicales, juegos mecánicos y puestos que año con año se ubican en el centro de la localidad.
Y el tradicional recorrido con la imagen de San Agustín, que año con año visita las dos principales avenidas de la ciudad acompañada de católicos que acuden a la cabecera municipal para venerar a la imagen religiosa.
A puerta cerrada
La parroquia de San Agustín informó que únicamente realiza dos celebraciones a puerta cerrada: la primera fue anoche con motivo a los maitines y hoy a las 12:00 horas, trasmitidas en redes sociales, como parte de un acto de responsabilidad con respecto a la pandemia de Covid-19.
“Lo anterior para que esta celebración no pase desapercibida y el reconocimiento al santo patrón del pueblo de Teopisca”, precisó.
La tradicional Feria de Teopisca se ha distinguido entre los municipios de la región por las diversas actividades que realiza del 25 al 31 de este mes, destacando sus eventos masivos con la presencia de grupos musicales de talla internacional.
Datos históricos
De acuerdo a datos históricos proporcionados por el Colectivo Cultural de Teopisca, integrado por Paco Mazariegos Morales y Jesús Vázquez Cruz y el Grupo Cultural Nueva Jovel, en Teopisca vivieron cazadores desde hace 11 mil años, quienes descubrieron el maíz.
Señalan que de acuerdo con estudios del departamento de prehistoria del INAH, llevados a cabo entre 1977 y 1979, en el valle de Teopisca fueron encontradas puntas de lanza y otros vestigios de instrumentos de cacería de animales prehistóricos.
Así como evidencias de que hubieron mamuts, mastodontes y caballos americanos desde hace más de 11 mil años.
Hasta donde podían informar con certeza los avances de la investigación científica de los 70 del siglo XX, Teopisca se encuentra entre los cuatro lugares de Chiapas habitados desde aquellos años tan remotos.
Por eso, también ya ha sido aceptado que estos pobladores antiguos de Teopisca experimentaron y contribuyeron en el descubrimiento del maíz y de otras semillas desde hace más de seis mil años, como base productiva tan sólida que permitió el desarrollo de la agricultura y de las primeras ciudades que dieron origen al área de alta cultura conocida como Mesoamérica, una de las seis civilizaciones madre del mundo antiguo.
Los conocimientos y la sabiduría de estos pueblos han sobrevivido a las peores tragedias y adversidades, refugiándose y reelaborándose en ese espacio que el estudioso Guillermo Bonfil llamó el México profundo.
“En nuestro caso, podríamos llamar el Chiapas profundo, a esos elementos de la gran civilización mesoamericana y de sus antecedentes que llegan hasta nuestros días, constituyendo el alma o la identidad colectiva, más claramente percibida en los miembros de los pueblos originarios”, afirman los investigadores.
Señalan que el cultivo del maíz con sus derivados alimenticios y el cuidado de la madre naturaleza son algunos de esos elementos.
Otro ejemplo de la parte material de esa cultura, es la aplicación de sal a la carne de ciertos animales, practicada en la prehistoria para conservarla y así poderse alimentar durante sus travesías de cazadores-recolectores; después aplicada a los animales que hoy conocemos -como el ganado vacuno- de donde obtienen la exquisita cecina y la carne salada, entre otras.
Las milenarias tostadas de Teopisca preparadas así para aguantar largo tiempo sin descomponerse, así como otros alimentos propios de ese lugar, tienen las misma matriz civilizatoria de origen campesino y llegan hasta nuestros días como un aporte más de cultura viva, que con su presencia nos invita a voltearla a ver, cómo esa parte mesoamericana de nuestro propio ser individual y colectivo que todos llevamos dentro, pero que la mentalidad y la ideología colonial que habita también en nosotros nos ha impedido reconocer.












