Ocho mujeres y dos hombres se encuentran realizando actividades de mejoramiento de plántulas para el cultivo de alcatraz a través del desarrollo de técnicas que no dañen el medio ambiente en la Reserva de la Biósfera Volcán Tacaná, dio a conocer la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).
Estas actividades han contribuido a evitar la extinción de flores nativas, aunque en muchos casos las plantas han sido extraídas de su hábitat nativo para cultivarlas.
Como se planteó en el programa de manejo de la reserva, la intención es establecer mecanismos de participación social que promuevan la equidad entre las mujeres y los hombres, con relación al acceso, uso, manejo y aprovechamiento de los ecosistemas y su biodiversidad.
El cultivo de plantas ornamentales en la Reserva de la Biósfera Volcán Tacaná es una práctica que se ha realizado desde hace varios años; por ejemplo, en la comunidad Bellavista empezaron a llegar canasteras a comprar flores para vender en Tapachula en 1988.
Estas actividades se han ido extendiendo, “la Comisión apoya el proyecto de viveros comunitarios en la reserva del Volcán Tacaná”, a través de la capacitación de técnicas que sean amigables con el medio ambiente.
Estas “permiten fortalecer el cultivo de flores de corte en macetas, contribuyendo al rescate de los conocimientos tradicionales en los productores de flores del cantón Chiquihuite, municipio de Unión Juárez, en donde participan ocho mujeres y dos hombres que realizan actividades de mejoramiento de plántulas para el cultivo de alcatraz”, sustentó la Conanp.
Las labores en estos huertos son aún muy rústicas, por lo que destacaron como necesario seguir trabajando en hacer más eficiente la producción, así como crear conciencia ecológica en las mujeres, en su mayoría las amas de casa que se dedican a esta labor.
“Desde un punto de vista económico, es importante la contribución que estas especies tienen en la economía familiar”, dijo la Conanp. Además indicó que esto permite a las mujeres obtener un ingreso-producto de un trabajo familiar, ya que los hijos colaboran en la edificación y el mantenimiento de los huertos florícolas.
Sin embargo, reconocieron que aún existe falta de organización entre los grupos de mujeres dedicadas a esta actividad, al igual que tecnología para lograr una producción más eficiente y sustentable.












