“Le dije a mi abuelita que mi novia estaba embarazada” o “me pidieron prestado cien pesos y me quitaron mi dinero”, son algunas de las bromas más comunes que reciben o hacen -año con año- los tuxtlecos en el Día de los Santos Inocentes, el cual tiene un origen pagano y religioso.
Verónica Pérez expresó no saber del todo el motivo de la celebración, ya que “está relacionado con el cristianismo y tiene algo que ver con muertes”, sin embargo, dice que en su familia la broma más común es la de pedir dinero: “Decimos ‘préstame cien pesos’ y ya te los quedas, añadiendo, ‘caíste inocente palomita’”.
Origen
Nada alejada de la realidad, la celebración de cada 28 de diciembre de los Santos Inocentes, tiene un origen opuesto a la alegría que provoca en la actualidad.
El origen de esta festividad se remonta a los tiempos en que Herodes gobernaba en Judea. Con (el Niño) Jesús a punto de llegar al mundo, el monarca se puso en contacto con los Reyes Magos, para averiguar cuál iba a ser el lugar exacto en el que la Virgen María daría a luz a su bebé.
“Cuando lo encuentren, háganmelo saber, para que yo también vaya y le adore”, fueron las palabras de Herodes, según el Evangelio de Mateo en el Nuevo Testamento.
Si bien en un principio los reyes le creyeron al monarca, en un sueño recibieron el aviso de que Jesús corría peligro, y regresaron a su tierra por otro camino para no ver a Herodes.
Cuando el rey se dio cuenta del engaño, cegado por la cólera, mandó a asesinar a todos los niños menores de dos años que vivían en Belén, lo que dio origen a la figura de los “Santos Inocentes”, en referencia a aquellos pequeños muertos por mandato de Herodes.
Algunos dicen que se hacen bromas por la inocencia y espontaneidad de esos niños que no guardaban malicia alguna en su ser; otros, que es por la ingenuidad del rey. En la Edad Media la celebración adquirió ese carácter de bromas, pues se fusionó con las fiestas de origen pagano, derivadas de las saturnales romanas.
Alberto Ortega dice que está prevenido para no prestar nada el día de hoy, y recuerda, con risas en el rostro, la regañada que le puso su abuela cuando le dijo que su novia estaba embarazada: “Al final le dije ‘inocente palomilla que te dejaste engañar’”.











