Nadie quizás se detuvo a pensar en algún momento que la influenza aviar en tres granjas avícolas de Tepatitlán y Acatic, en el estado de Jalisco, colapsaría la producción de huevos en el país y generaría una de las más grandes especulaciones de la última década.
Ni el propio gobierno federal mediante sus secretarios de Economía y de Agricultura previno el escenario catastrófico por el que ahora muchas familias han dejado de consumir este alimento fundamental en la canasta básica, y necesario para la nutrición de los niños.
Guadalajara es considerado a nivel República como el principal productor de huevos, seguido en menor medida por estados como Nuevo León, Sonora, Sinaloa, Puebla y Yucatán.
Sin embargo, a pesar de estar conscientes de la contribución de Guadalajara en el sector avícola, resultan ofensivos los abusos que están cometiendo algunos expendedores de huevo, quienes acostumbrados a medrar con el dolor ajeno han elevado el precio hasta un 150 por ciento de su valor original.
No es posible que por la cuarentena de estas granjas, México se haya desvanecido drásticamente, y hoy como siempre, los más perjudicados sean la clase obrera y campesina que sobreviven con menos de un dólar al día.
Consideramos que falta invertir más en el sector avícola, más programas de granjas de traspatio para los pobladores de zonas rurales y marginadas, como bien lo reconoce hasta hoy el Gobierno Federal.
No es suficiente que la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) ponga a disposición de los avicultores del país las más de 25 mil tiendas del Programa de Abasto Rural Diconsa, a fin de que puedan comercializar huevo al más bajo precio posible.
Se necesita, insistimos, una solución de fondo, para ello es necesario rediseñar las estrategias que por lo visto no están dando resultados.
Basta ya de especulación, queremos más competencia y un libre mercado.











