El 21 de junio en México se celebra el Día del Padre, y hay muchas historias que valen la pena compartir, sobre todo, de quienes dedican su vida a la parte laboral sin descuidar el rol dentro del hogar y ahí, aparece Carlos Alejandro López Pérez, sargento segundo plomero.
La vida castrense, relató, le ha dado la disciplina necesaria para atender sus labores, además del fomento para el cumplimiento del deber y la organización familiar.
Ser papá y militar
El sargento segundo plomero se define como una persona estricta en los valores, por eso fomenta con sus hijos la prontitud, el cumplimiento, la responsabilidad y el trabajo en equipo, y en su casa son partícipes.
Combinar la vida militar y la paternidad, reconoce, ha sido difícil, pero al mismo tiempo es muy satisfactorio.
Cuando está en su hogar, relató para Cuarto Poder, se desconecta de los asuntos laborales para dar paso a los planes de la familia. De igual forma, describió, en el momento del servicio se buscan momentos para mantener la comunicación con los seres queridos.
Ser padre y militar, dice López Pérez, también es difícil al tener jornadas laborales que implican ausencia incluso en días o celebraciones de la familia.
“A veces nos ausentamos en un cumpleaños, que es lo más doloroso si lo quieres ver en ese sentido para los hijos o un evento escolar también”, remarcó.
Trabajo y recompensa
Aunque puede existir una ausencia temporal para cumplir con las obligaciones militares, también viene una recompensa que está marcada con el orgullo de servir a México y poder hacer algo para la sociedad.
Terminar una misión y regresar a casa, dijo, es una sensación muy bonita. “Valoro mucho un abrazo, una risa de mis hijos, comer en familia”, recordó en el marco de la celebración del Día del Padre.
Ser papá y militar, describió, es un doble orgullo y, al mismo tiempo, dos responsabilidades. “Servir a mi país es algo muy bonito, es algo que pretendo inculcarle a mis hijos”.












