El arte de los tamales

Sus manos ligeras y suaves adornan la masa con chipilín sobre la hoja de plátano, después, con sutileza, cubre la pechuga deshebrada con el mole rojo, y finalmente envuelve todos estos ingredientes con la hoja, lista para ser cocida al vapor.

Parece un procedimiento fácil, sin embargo, para doña Luvia y su hija Refugio, la elaboración de los tamales representa todo un arte.

Desde hace más de 50 años, doña Luvia se levanta todos los días -a partir de las 6:00 de la mañana- para comenzar con la preparación de los ingredientes, la cocción del nixtamal y la selección de las hojas que envolverán a los tamales.

Narra que comenzó vendiendo puerta por puerta y que fue una de las primeras locatarias en el Mercado Público de Berriozábal. Actualmente, ha logrado convertir su venta en un negocio familiar, “aprendí este oficio a mis 20 años gracias a mi madre, puedo decir con orgullo que de acá salió para el estudio de mis hijos”, relata.

Hay actividades que ya no puede realizar a sus 72 años, pero su hija Refugio se ha convertido en su mano derecha y es quien ha estado con ella en el negocio desde que era niña.

El 2 de febrero resulta ser una de las épocas del año en que más venta de tamales tienen, por el Día de la Candelaria; fecha en que tradicionalmente las personas “pagan” con tamales la deuda de haber sacado al Niño Dios en la rosca de Reyes.

Consciente del trabajo por hacer y con una sonrisa, doña Luvia le agradece a Dios y a la vida por el trabajo que le ha dado.