La aventura comenzó hace cuatro años y medio. Salió de Perú, se fue a Brasil y recorrió toda Sudamérica, luego Centroamérica, y ahora Norteamérica. Lleva dos meses en el país, un mes en la Ciudad de México y otro en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Autodenominado como un “idealista”, el periodista Carlos Simón busca humanizar a la sociedad a través del fotodocumental “Personas de Latinoamérica”.
“No es popular mostrar lo impopular”, dice
“En la actualidad, pareciera que las redes sociales tratan de convencernos de que vivir bien significa necesariamente tener el trabajo soñado, meditar, ser eco friendly, viajar, gozar experiencias increíbles a cada instante, y si bien estas ideas son nobles, son chéveres, son bonitas, no se ajustan a la realidad, porque el mundo real, lo cotidiano, tiene problemas familiares, de autoestima, laborales, y toda una escala de grises que ocultamos en redes sociales.
“Nos encierran en una burbuja de ficción a través de la cual interpretamos el mundo influenciado por estas fotos de Instagram, Facebook, y tomamos decisiones, pero estas decisiones no se ajustan a la realidad y a la larga nos pasan factura”.
La fotografía documental
A través de este fotodocumental, Carlos Simón buscar humanizar las redes sociales por medio de la difusión de historias de vida de miles de personas: “No importa si son relatos tristes o bonitos, lo que interesa es que sean los más honestos posibles”.
Simón es hiperactivo, tiene agilidad de palabra y sangre ligera, se acerca a conversar con dos personas desconocidas en el Parque Central, quienes se desenvuelven con confianza, mientras él escucha y pregunta. Antes de ser un periodista mochilero, trabajó en la radio en Perú, era redactor web y asistente de producción.
“Es ir un poco más a profundidad, es aproximarse, decir: ‘¿Qué tal? ¿Cómo estás?’, esperar un poco y generar la confianza de la persona y rescatar un aspecto muy íntimo de su vida, una experiencia”.
En su intento por presentar un mosaico más humano y completo, decidió “insertar a las poblaciones que por alguna razón no viven en sociedad”. Carlos en su viaje por Latinoamérica retrata a personas privadas de su libertad, adictos, ancianos en situación de calle, personas con enfermedades mentales, transexuales y “todo ser humano que vive excluido de la sociedad”.
“No se trata del morbo de una vida, más bien, a través de las historias de vida, comprender cuáles fueron las razones que los llevaron a terminar en el lugar donde están y así poder, a través de la empatía, acercarnos a estas personas y en función de eso comprender el mundo”.
Postrimería
Carlos Simón es de Huaral —“a dos horas de Lima”, dice— y decidió estudiar Comunicación con una idea muy clara: “Contribuir al desarrollo de mi sociedad, a través de la difusión de información que promueva valores como la humanidad, la empatía y la verdad”.
“Cuando yo salí al mercado laboral me di cuenta que estos principios que perseguía no estaban en la agenda del mercado laboral”, al cual le “interesaba más generar ingresos”.
“Pero igual hay que pagarte las deudas y cuatro años estuve trabajando solamente por comer; me sentía fatal, quebrado porque mi profesión, mi misión de vida, es el periodismo”.
Actualmente tiene 32 años, y comparte que a los 28 una crisis psicológica lo llevó a tomar una decisión que cambiaría por completo su vida. “En Perú hay una expresión que dice ‘¡desahuévate!’, que es como ser honesto contigo, dejar de estar lamentándote, y en ese momento me dije: si estoy trabajando solo por el dinero, mejor me pongo un negocio y me dedico a ello, y así fue que renuncié a la radio”.
“Tomé mis pocos ahorros que tenía y empecé a viajar, a los dos meses se me acabó la plata, y ya ahí, tirado en la calle, comencé a ingeniarme de formas legales para generar ingresos, ya sea vendiendo cosas en la calle, como llaveros, comida, o buscándome trabajos muy esporádicos”.
Simón instaló un negocio familiar con un fondo de ahorros que tuvo en su trabajo, del cual aún recibe algunas bonificaciones que usa para los gastos de sus viajes; además de su dominio del inglés, portugués y español, que lo ha ayudado a conseguir trabajo en hospedajes para turistas. Como el que actualmente tiene en San Cristóbal de Las Casas.
Chiapas, un estado de contrastes
En el mes que lleva en San Cristóbal de Las Casas ha visitado “los pueblos aledaños” en búsqueda de historias de vida. Comparte su desconcierto por “la pobreza que hay, la desigualdad marcada, es loco, porque San Cristóbal es un pueblo muy turístico, vez gente y se ve que hay billete, y te mueves a estos pueblos y hay gente muy pobre, los contrastes son muy locos, te sacude la mente”.
Sobre las historias de vida, resalta que las que más lo han marcado son las de los desplazados a causas de la violencia, “estas familias tienen que huir de sus lugares de origen y eso es un proceso bastante duro”.
“Porque no se trata simplemente de dejar un lugar o me voy, chao; no es tan frívolo, es más profundo, porque estás dejando tus raíces, tus amistades, tu círculo emocional más estable”.
Latinoamérica sin identidad
A cuatro años y medio de viaje, Carlos Simón planea regresar a Perú y concretar su proyecto en un libro; dentro de sus reflexiones y aprendizajes más concretos en sus travesías está el que “Latinoamérica no tiene identidad, es como un adolescente”.
“Desde que llegaron los españoles, nuestra identidad se fraccionó, es como si nos hubiesen arrancado del seno espiritual en el que antes convivíamos con nuestra tierra para arrojarnos a un mundo de modernidad, una modernidad en la que todavía no sabemos cuál es nuestro papel, porque más allá de ser productores de materia prima, al parecer, no somos nada”.
Simón agrega que si bien en los imperios precolombinos había problemas de identidad, eran manejables: “Éramos muy espirituales, muy de la Pachamama en el caso de Perú, de adorar al sol, la tierra; pero los españoles nos quitan todo eso y nos hacen sentir vergüenza, nos tratan como incultos, como animales”.
Y es en esa diversidad cultural donde conviven muchas sensibilidades que se pierde la identidad: “No hay un diálogo porque todo es como un ruido, todos están hablando al mismo tiempo y no tienes idea de qué están diciendo”.
“Eso es la identidad latinoamericana, hay tanta diversidad cultural que no puedes construir todavía una. Y para que construyas una identidad tienes que saber quién eres, hacer un examen de consciencia muy profundo”.
“Pero el latinoamericano no hace examen de consciencia, nos movemos en los extremos y por las emociones, a nosotros nos gusta sentir”, concluyó.












