La temporada de carnavales en la provincia zoque de Chiapas arranca con la fiesta de San Fernando, donde danzantes, joyonaqueros y cocineras, preparan una fiesta que nunca muere, se arraiga, se hace fuerte, pero entra en conflicto con la modernidad y ciertas expresiones —juveniles— que rayan en la violencia.
Este fin de semana comenzó la lavada de trastes (guardados durante todo el año) y con la ensarta de flores para hacer el Joyonaqué. La Madre Mayor, Tía Tonita, comenzó los preparativos de la primera comida: caldo de frijoles, ejote con huevo, arroz de fiesta y pozol de cacao con panela.
Esa tradición, dice ella, la que sabe —porque lleva 14 años siendo ‘La Jefa’ en la cocina— nunca muere, por el contrario, se arraiga y se hace fuerte, aunque le parece “mal” que los jóvenes de ahora, con “el juego”, desvirtúen una tradición que marca el inicio de la temporada de carnavales zoques en esta provincia chiapaneca.
“Ahora ya se ha vuelto violento —dice Tía Tonita— porque con eso del “juego” mucha gente ya no viene; pero nosotros estamos firmes de que nuestra fiesta es una fiesta alegre, donde nos permite decirles a todos: Viva San Fernando”, expresa ella, emocionada hasta las lágrimas.
La fiesta comienza con comilonas para todo el pueblo. Tía Tonita comenzó desde el viernes, junto a un grupo de mujeres que se encargan del frijol en caldo y arroz, a cocinar para todos. Ella es la que autoriza cuando todo está cocido, que se les lleve comida a quienes han cooperado para esta fiesta tradicional y para quienes van a participar en estos seis días de fiesta y folclor zoque.
El viernes que Cuarto Poder estuvo en los preparativos, sirvieron arroz con frijol. Para el sábado, cuando ensayan las danzas en pleno parque, cochito horneado, trozado, en un guiso de chile guajillo, rojizo, de un sabor indescriptible.
El domingo, cuando “el juego” anda haciendo “su alboroto” por todo el pueblo, se sirve caldo de res con verduras, para levantar los ánimos y ponerlos a todos, nuevamente a tono de fiesta y carnaval. Ya para el lunes, pescado baldado, como platillo principal.
Juan Carlos González Galindo es el prioste del Carnaval de San Fernando por tres años. También se queja del “Juego” que hace una “bola” de muchachos (unos 100 chamacos, ajenos de San Fernando) que llegan a tirarse pintura, huevos, harina, ceniza, lodo y todo lo que manche, a quien se deje, a quien se pueda, a quien “se las deba”.
El prioste insiste que esa no es la tradición de San Fernando, a propósito de la fiesta anual de Jesús de la Buena Esperanza, el santo patrono del pueblo, donde los floreros comienzan la ensarta de flor para hacer el Joyonaqué que recorre el pueblo junto a gigantes danzantes y todos los “chayoteros” que viven su tradición con profundo sentimiento.
Juan Carlos ofrece la comida para todo el pueblo y ordena las multas: un trago para el reportero que llegó sin avisar y se puso a platicar con los floreros; dos para el camarógrafo que filmó aspectos sin pedir permiso, tres para el fotógrafo que se metió hasta la cocina donde las mujeres guardan los secretos culinarios del cochinito horneado, el pescado baldado, el caldo de res y el café de olla.
Adentro de la cocina, junto a todas las mujeres zoques, mayores, que participan en la preparación de la comida, encontramos a la doctora Gillian Newell, de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Ciencias y Artes (Unicach), involucrada en todos los quehaceres: pelando ajos con sus dedos, tomando fotos de las expresiones de las mujeres que se tornan tristes con el humo de la leña.
Ella llegó de Holanda, descubrió un mundo cultural de ancestros que se resisten a morir, en un mundo de modernidad y tecnología, que perseveran y alcanzan la presencia que da identidad a esta provincia zoque tan viva y tan conflictuada.
— “Ésta es una fiesta tradicional antropológicamente importante; no diría que debe la antropología renovar su investigación porque llegamos a este punto a partir de todo lo que se ha investigado en éste y otros temas; creo más bien que hay mucho qué investigar desde el ángulo más profundo, como tradición y cultura, en un contexto moderno, de tecnología avasallante y demás”, contestó.
Hoy concluye el carnaval de San Fernando. Guardarán los trastes de la comida hasta el 2017. Van a bailar con tambor y pito hasta la madrugada. Habrá rastros de pintura en todo el pueblo de una versión “violenta” que no les gana a los tradicionales. Y que nunca les ganará.












