Con una extensión de dos mil 580 hectáreas entre hermosos paisajes y hábitat de numerosas especies, Agua Azul fue decretada como Zona de Protección Forestal y Refugio de la Fauna Silvestre el 29 de abril de 1980 en el Diario Oficial de la Federación, sin embargo, en junio del 2000 fue recategorizada como Área de Protección de Flora y Fauna (APFF).
En el área se estiman un total de 861 especies, de las cuales 583 son vertebrados terrestres (18 anfibios, 42 reptiles, 455 aves y 68 mamíferos) y 278 vegetales.
Cuenta con 22 especies endémicas, que corresponden al 2.9 % de la riqueza del área; no obstante, de la totalidad de las especies, el 18 % (159 especies) se encuentran en alguna categoría de riesgo en la NOM- 059-SEMARNAT-2010.
Una de las características más importantes de este sitio es el color del agua, que se debe a que la roca calcárea contiene sales de magnesio y cloruros que, al penetrar la luz en el agua, permiten que esta filtre todos los colores, menos el azul, el cual llega al fondo y se refleja de nuevo a la superficie, lo que resulta el famoso color de las cascadas.
Las 13 comunidades que se localizan al interior del APFF registran en conjunto de mil 937 habitantes, lo que representa el 0.04 % de la población del estado.
En el Área Natural Protegida se presentan vestigios arqueológicos, y en la zona de influencia se encuentran los sitios arqueológicos Toniná y Palenque, que fueron lugares representativos de la cultura maya. Al interior del área los habitantes son indígenas de las etnias tseltal y ch’ol, quienes aún conservan su dialecto.
Principales riesgos
De acuerdo al programa de Manejo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), en este sitio se identificaron 732.9537 hectáreas que corresponden a áreas transformadas por prácticas agrícolas y ganaderas, estas últimas realizadas de manera extensiva, lo que propicia la existencia de una cubierta arbórea discontinua con indicios de perturbación.
Con consecuencias directas como “la compactación del suelo y la eliminación de la cubierta vegetal por el apisonamiento del ganado (causas principales de la erosión hídrica y eólica) y la eliminación del renuevo de especies, entre otras”.
A esto se le agrega que los agricultores utilizan agroquímicos sin atender, en algunos casos, las medidas de manejo sobre este tipo de sustancias, o bien, porque no son las adecuadas, lo que podría constituir un factor de vulnerabilidad para el ecosistema, dada la existencia de aguas superficiales utilizadas para consumo humano y actividades productivas de autoconsumo.












