El culto al sol y su importancia en el ciclo agrícola de la región zoque, tuvo por quinto año consecutivo una celebración a la que asistieron músicos, danzantes, cargos de los Cohuinás de Santa Martha y San Miguel, y de la población coiteca.
Desde temprana hora, ayer domingo, decenas de personas se dieron cita en el parque del Paraje, al sur de la cabecera municipal de Ocozocoautla. Este barrio, cuyo nombre devino del uso que los carreteros en tránsito le dieron para recuperarse de las largas travesías, sigue siendo clave para la cultura zoque local.
A casi cuarenta grados de temperatura, a pie, y sobre caminos de terracería, acompañados por los sones de los jóvenes músicos tradicionales, transcurrió el traslado de la procesión hasta Cuchunutok, o cerro de Cuchunuc, cuya toponimia alude a la proliferación de la flor homónima, tan apreciada en la tradición culinaria del centro de Chiapas.
El centro de interés de esta microrregión, es un montículo conocido como Cerro Ombligo, y es una base cuadrangular con distintos niveles y escalinatas. En este lugar y en las parcelas que lo circundan, han sido encontrados incontables ejemplares de cerámica utilitaria zoque.
El equinoccio de primavera fue el motivo del encuentro intercomunitario al que asistieron zoques de Ocozocoautla y Copainalá. La danza del tigre y el monito simbolizan la prevalencia de la astucia y la razón sobre la fuerza bruta; ésta concluye con la cópula de ambos y la sobrevivencia del ‘monito’. Ambas especies son comunes en toda el área mesoamericana.
Para llegar a Cerro Ombligo, es necesario traspasar una parcela, cuyo acceso, como en esta ocasión, estuvo cerrado bajo cadenas y candado. La procesión completa tuvo que saltar la puerta tubular que delimita la propiedad. Al arribar al montículo se constató lo que también es una tradición: el abandono y la falta de mantenimiento con que el INAH mantiene dicho lugar, pese a su ofrecimiento a la comunidad de hacerse cargo de la limpieza del sitio arqueológico.
El orgullo y la satisfacción por la realización de estas danzas en Cerro Ombligo, son sensaciones compartidas por Marco Antonio Galdámez, y Jesús Guadalupe Montúfar, quienes son los máximos dignatarios de los Cohuiná de San Miguel y Santa Martha, respectivamente. Cuarenta grados centígrados, la falta de mantenimiento del lugar, y la ausencia de apoyos, no son suficientes para renunciar a la identidad cultural.
Alejandro Burguete, maestro músico tradicional, rememora los inicios de esta celebración equinoccial, hace cinco años. “Algunos ya no están, pero muchos otros se suman; el interés de quienes no venimos de instituciones ni tenemos beneficios materiales y económicos por la preservación de nuestra identidad, somos la columna vertebral de la preservación de nuestros derechos culturales”, finalizó.












