A sus 65 años de edad y 38 de servicio, Celso Rodas Espinosa es el agente de Tránsito más antiguo en San Cristóbal, luego de superar los obstáculos que le ha puesto la vida, como la muerte de su esposa que hace 30 años le dejó cuatro niños, el más pequeño de 10 meses de nacido.
En entrevista recordó que una vez, cuando recién inició, un abogado le dio una cachetada que le provocó sangrado de la nariz por haberle puesto una infracción a causa de que violó el reglamento de Tránsito.
Dijo que en sus 38 años de servicio ha escuchado constantemente una frase con la que algunos funcionarios de diferentes niveles buscan intimidar a la autoridad: “Ni sabes quién soy yo”.
A Celso se le pude observar diariamente -en el centro o en otros puntos de esta ciudad colonial fundada en 1528- con su uniforme azul, su gorra, su pequeña mochila y su infaltable silbato al cuello, además de las boletas para infraccionar a los automovilistas que no respetan el reglamento de Tránsito.
Nació en el municipio de Las Rosas, ubicado a 60 kilómetros de San Cristóbal. “Me vine antes de los 18 años de edad a trabajar en un hotel. De ahí conocí a un licenciado de nombre José Damas, de Playas de Catazajá, y me ofreció trabajo de carnicero; laboré hasta 1982. Quedé un año sin trabajo y luego entré como agente de Tránsito del Estado. Andaba yo paseando por las calles cuando me llamaron que si quería trabajar como agente”.
Agregó: “Me dijeron que consiguiera mi uniforme. A la semana me presenté a la delegación, que entonces en el palacio municipal, ahora Museo de San Cristóbal (Musac). Actualmente sigo trabajando y a ver qué presidente hijo de Dios se da cuenta de mí. Muchos ciudadanos me conocen, uniformado o de civil. A veces voy al mercado y me dicen: ‘Adiós, Celso’, aunque vaya de civil”.
-¿Qué le pides al presidente?
-Que se dé cuenta de las personas que llevamos mucho tiempo trabajando, a ver en qué forma nos echan la mano para que pueda uno descansar.
-¿Quieres jubilarte?
-Jubilarme o pensionarme, ya queda en las manos de un presidente. Si él quiere hacer eso, estamos en sus manos.
-¿Has tenido problemas por haber infraccionado a alguien o por decirle que no se puede estacionar?
-Algunos se molestan por hacer cumplir el reglamento de Tránsito, pero son discusiones que ya no seguimos porque si el ciudadano me contesta con palabras que me ofenden y si le contesto igual, habrá un choque entre personas; mejor pensar lo que le vamos a decir. Muchos dicen: ‘te voy a denunciar’, y yo les digo: ‘está usted en su derecho, jefe, yo estoy cumpliendo con el reglamento de Tránsito’. Hasta ahí nada más y ahí queda. Gracias a Dios no he tenido demandas judiciales”.
-¿Nunca te han golpeado?
-Una vez me golpeó un licenciado, pero hace mucho tiempo. Me pegó una cachetada y me chorreó mucha sangre de la nariz. Ya no me acuerdo quién era; era licenciado. Luego llegó a la delegación y entró a platicar con el delegado y se disculpó. ‘Señor oficial, discúlpeme, me dejé llevar por el coraje’. Y yo le dije: ‘Está bien, señor licenciado’, y ahí murió. Malos antecedentes no tenemos. Algunos ciudadanos se molestan, pero hasta ahí. No he tenido problemas de que me demanden”.
Relató que “una vez me sacaron un machete en el mercado; hace mucho tiempo ya. ‘Señor, está usted en lugar prohibido’, le dije y me contestó: ‘Retírate de mi vista porque si no te voy a dar un machetazo’. Sólo le contesté: ‘Está bien, jefe, ya me voy’. No quise enfrentarme, tal vez lo hizo para asustarme. Y eso fue en aquellos tiempos cuando la autoridad era respetada. Ahora ya no. Con esas organizaciones hasta nos amenazan. Mejor hacerse a un ‘ladito’ para no enfrentarse. Si nos levantan, quién sabe si los jefes nos van a apoyar o no”.
-¿Te has encontrado con personas prepotentes?
-Sí. Cuando uno les dice: ‘Jefe, se le levantó una infracción por estar en lugar prohibido’, contestan: ‘Ni sabes quién soy yo. Soy funcionario. Me voy a quejar con el presidente y hasta tu trabajo vas a perder’. Entonces, yo les contesto: ‘Vaya usted y si el presidente me llama ya estará en él. Está usted en su derecho’”.
Una vez, recordó, “una síndica se estacionó en paso de peatones cuando se celebraba la Feria de la Primavera. Le dije: ‘Jefa, buenas noches, ahí no se puede estacionar porque es paso de peatones”, y me amenazó: ‘Ni sabes quién soy yo’, a lo que respondí: ‘Disculpe, pero no lo sé’. Como no le di el lugar me suspendió el sueldo. Me llamó el presidente, platiqué con él y me dijo que hablaría con la síndica para que liberaran mi sueldo. Ellos son los primeros que no respetan”.
Remarcó: “Hasta ahora no he tenido problemas. Algunos se molestan porque uno hace su trabajo, pero si no lo hago, dicen: ‘ese policía es a toda madre. Así dicen’. Pero si lo hago, tengo problemas. Tenemos que cumplir el reglamento”.
Celso labora de 8 a 21 horas, seis días a la semana, pero le gusta su trabajo. Hace más de una década le apareció un espolón en uno de los pies, lo que para alguien que tiene que caminar varias horas al día para trabajar como él, es un martirio. “Sentía que se me doblaban las rodillas, estaba yo con tratamiento y en ese periodo me operaron y ya quedé bien de mi pie, pero por la edad tengo dolor en la columna. Siento que las rodillas se me van a doblar. Pero voy a seguir aquí. Soy el más antiguo, los demás ya murieron”.
Relató que en esa época lo apoyó el alcalde Mariano Díaz Ochoa -quien gobierna San Cristóbal actualmente por tercera ocasión- para que lo operaran y se recuperó.
“Hago mi trabajo con gusto y alegría y a veces me dicen los turistas: ‘hasta que veo un policía sonriente’. Y platico con ellos y les digo: Bienvenidos a la ciudad de San Cristóbal”.
Comentó que en 1992 quedó viudo con cuatro hijos, el más chiquito de 10 meses. “Buscaba ser amamantado por la mamá. Con apoyo de los vecinos salí adelante porque cuando se muere la esposa y tiene uno niños chicos, es difícil que el papá los bañe y los críe”.












