La venta de flores para los altares en el tradicional Día de Muertos representa un sustento para cientos de familias, por lo que las calles del centro de Tuxtla Gutiérrez se encuentran pintadas de naranja y morado, dado las flores de cempasúchil y cresta de gallo que marchantes y locatarios venden a quienes honrarán a sus difuntos.
La flor de los “cuatrocientos pétalos” desfila por los primeros cuadros del sur-poniente de la ciudad, en camionetas o en la cabeza de las vendedoras y se postra sobre las calles y locales. Su precio es variable, va desde los 10 pesos el manojo hasta los 15 pesos, y también hay ofertas de tres manojos por 25 pesos.
Desde hace más de 15 años, don Hilario de Jesús es florista y tiene un puesto sobre la 2.ª Poniente Sur. Comentó que las ventas están mejorando y que se espera un repunte a comparación de los dos años previos de pandemia, momento en que sus ingresos se vieron severamente afectados en esta celebraron.
Esta flor protagonista de los altares y sepulcros, que tradicionalmente se cree guía a las almas hacia el altar, también es vendida en macetas, con un precio más elevado, pues las hay desde los 20, dos por 50, o 30 pesos.
Sobre el costo promedio, dijo que no cree que se presente un incremento, “pero todo depende del proveedor, si sube se da un poco más caro, pero ya no es cosa de nosotros”, y concluyó diciendo que “hoy es un día bueno porque están haciendo los altares en las dependencias y escuelas”. Acotó que es para el día domingo que esperan “se ponga más buena la venta”.
En el mercado “Juan Sabines” reluce el pasillo de la 4.ª Sur, adornado de flores, panes de muerto, caña, juncia, calaveras de azúcar, papeles picados y un pequeño altar que erigieron los mismos locatarios; aquí también hay venta de cempasúchil y de cresta de gallo.
Esta última, muy característica por su textura suave y de color morado, el cual popularmente simboliza el duelo ante la pérdida de un ser querido, y es debido a ello que se utiliza con ese motivo en los altares. Sin embargo, se trata una adopción posterior a la colonización, pues esta planta es originaria de Asia y África. Dentro y fuera del mercado tiene un precio que oscila en el rango de los 15 a 20 pesos el manojo.
No debe perderse
Jesús Rosendo Nangusé Molina es uno de los floricultores que reconoce que la cosecha de la flor de cempasúchil y de la flor de seda forman parte de su tradición familiar, la cual no debe perderse.
“Las flores son como la educación, nace en la casa, en la calle y en la escuela, y esa es la formación que tenemos, que como sembramos, así vamos a cosechar”, expresa Nangusé Molina.
Comparte que aprendió la agricultura, el cultivo de cempasúchil, la flor de seda y crisantemo desde sus ancestros; siendo sus padres y sus abuelos quienes lo aprendieron de sus familiares en ascendencia directa.
Aunque asegura que fue en 1992 cuando comenzó la tradición familiar de pintar de colores los altares de los chiapanecos. Considera importante que los menores de edad adquieran la tradición que inició desde los antepasados, la cual “no puede perderse”, reitera.
Ubicación
La tierra que trabaja es una de las hectáreas que se encuentra en el bulevar Chiapa de Corzo, por lo que el acceso para disfrutar del espacio es sencillo y se puede ingresar en automóvil.
El floricultor invita a las personas del mismo Chiapa de Corzo y de los alrededores a visitar este espacio, que bien parece una alfombra de color amarillo, morado y blanco, características principales de las flores que ahí se cosechan.
Jesús Rosendo, como el resto de floricultores, vende directamente su producto a los compradores, pero también pueden llegar a visitar este espacio quienes estén interesados en tomarse una foto en medio de las flores y disfrutar de su distintivo aroma.
Con estas flores se puede dar vida a los altares que acostumbran a ponerse en cada una de los hogares de la ciudad, además de adornar los camposanto, ya que en estos días se acostumbra a celebrar a quienes ya han partido de este mundo.
Los costos son accesibles para las y los compradores, por lo que es fácil adquirir un racimo de cualquiera de estas variedades de flor.