"Rafael Victorio * CP. Los 20 anos consecutivos de crisis han obligado a los cafetaleros chiapanecos a encontrar otras fortalezas. Es a través del proceso de certificación social y ecológico que no pocos la han superado, en una franca coordinación entre los comercializadores y organismos internacionales.
Son pocas las fincas que no cumplen con los nuevos modelos de vivienda y atención digna dictados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Ahora, en cuanto a cumplir con los derechos laborales de los trabajadores no hay problema, caso contrario son ""vetadas"" por el Ministerio de Trabajo de Guatemala y les deja de enviar a los ""brazos"" para levantar las cosechas.
En las regiones Soconusco y Sierra Madre de Chiapas la mayoría de las fincas se está modernizando. Muchas de ellas ya cuentan con escuelas, clínicas y áreas de diversión para ninos, pero también han abierto caminos saca-cosecha ""para que los jornaleros se dediquen a cortar y no a cargar el café"".
Los finqueros saben que el mejoramiento de los niveles de vida de sus trabajadores -la gran mayoría guatemaltecos- les permite que organismos internacionales los certifiquen socialmente, sumado a los programas de manejo forestal que les da un ""plus"" por el cuidado de los recursos naturales.
Ellos no pueden evitar la llegada de ninos acompanando a sus padres y han decidido que la atención sea integral -a los jornaleros y su familia-, sin discriminaciones.
Un recorrido por fincas cafetaleras de la zona permiten conocer la situación de los ""braceros"" chapines, y aunque no es tiempo de cosecha y son pocos los que se encuentran en ellas, éstos reconocen el mejoramiento constante de instalaciones y servicios que les otorgan.
Guadalupe Zajú, ubicada en el municipio de Tapachula, es un ejemplo de ello. Tiene una escuela, una clínica, una iglesia, cocina y comedores.
La profesora Débora Espinosa Velázquez explica que la institución educativa es ""tipo guardería"", en la que se les tiene por niveles de acuerdo a las edades, en donde los padres dejan a sus hijos mientras van al campo.
Ella los cuida y les ensena las primeras letras, los números, los colores y nombres de frutas, pero también se recrean en el área de juegos. ""Estamos contentos, aprendemos y jugamos"", dicen los ninos.
Los menores se asombran con la llegada de camarógrafos, fotógrafos y reporteros, pero sonríen y cuentan que se sienten felices por ir a la escuela mientras que sus padres van a trabajar. ""Son dos o tres -los más grandecitos-, los únicos que saben leer y escribir y el resto está aprendiendo.
A pocos metros se ubican la iglesia y la clínica para atender a los jornaleros a quienes les obsequian la medicina, pero también se les capacita a prevenir enfermedades y a las mujeres embarazadas se les da un seguimiento.
Mientras el médico Amado Montiel Hernández otorga desparasitantes a una nina guatemalteca, explica que la prioridad es capacitarlos sobre el manejo de la basura, la higiene y de los alimentos para evitar el surgimiento de enfermedades.
Analgésicos, desparasitantes y antibióticos se tienen en la pequena clínica, en donde incluso se pueden atender, inicialmente, heridas o fracturas mayores para luego realizar el traslado a las unidades hospitalarias, si el caso lo requiere.
De 210 hectáreas, la finca Guadalupe Zajú, cuenta con certificaciones de producción orgánica, del cuidado del medio ambiente y de atención social; en ella existe una reserva natural y pasan diez ríos y arroyos, por lo que se pueden encontrar diversos animales, como mapaches, zorrillos, venados y pisotes.
""Aquí no permitimos la caza furtiva de especies"", explica el gerente de la misma, Francisco Contreras, quien senala que todos los jornaleros y sus familias tienen acceso a los alimentos, contando con comedores generales, pero también pueden cocinar sus propios productos.
A esta finca vienen cientos de jornaleros guatemaltecos a trabajar ano con ano, algunos en forma directa y otros contratados en la frontera con la intervención del Ministerio del Trabajo de Guatemala, que verifica las condiciones de ellos para evitar violaciones a sus derechos humanos y laborales.
Con él coincide Primo Miranda Castellanos, asesor de producción, quien senaló que la finalidad de instalar la escuela es evitar que los ninos vayan con sus padres a las labores de campo. ""No podemos arriesgarlos"".
Pero también menciona que nadie está a la fuerza y al momento que desean se pueden retirar cubriéndoles su salario. ""Si no los tratamos bien ya no vuelven a venir, cuando lo que necesitamos ano con ano es mano de obra para levantar la cosecha"".
En la finca ""Santa Fe"", localizada en plena Sierra Madre, en el municipio de Motozintla, la situación es similar y ahí los propios trabajadores guatemaltecos reconocen que viven mejor que en su propia tierra, en donde incluso no tienen donde trabajar y muchas veces ni qué comer.
Con su vestimenta tradicional, Elsa Méndez y su esposo Bernardo Ramírez, junto con sus tres hijos, cuentan con un dormitorio para ellos solos, al igual que otras muchas familias.
A esta finca suelen llegar hasta dos mil 200 jornaleros durante la temporada de cosecha y cuenta con certificaciones relacionadas con la dignificación de la vida social.
Cuenta con una clínica y tiene proyectada una guardería, tomando en consideración que ante la cantidad de personal en tiempo de corte vienen familias completas y se han llegado a tener hasta 300 ninos hijos de los jornaleros.
Adrián Marenco Olavarrieta, presidente de la Sociedad de Producción Rural ""La Victoria"", sostuvo que ellos construyen ano con ano nuevas instalaciones de estancia y caminos que comuniquen a las diversas partes de la finca y mecanizan el beneficiado, porque ""queremos que nuestros trabajadores se dediquen sólo a cortar y no a cargar, así se beneficiarán ellos y nosotros"".
Anade que tienen tecnología que les permite llevar un control de cada uno de los trabajadores y de sus actividades, lo que hacen y en tiempo de cosecha lo que cortan.
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