CETU y el arte de negociar

Ceder no es perder. A nivel federal y en la capital del país se discuten asuntos financieros en los que lo técnico y no lo político debería prevalecer. El Poder Ejecutivo está dispuesto a negociar una reducción de la Contribución Empresarial de Tasa Única (CETU), propuesta en el proyecto de reforma fiscal, lo cual abre una rendija para su aprobación. La misma actitud deben mostrar Hacienda y la Tesorería del DF para negociar lo que los confronta.

El gobierno tiene grandes urgencias de ingresos para enfrentar las necesidades nacionales sin recargar la recaudación en Petróleos Mexicanos. La Secretaría de Hacienda quiere y debe sustituir lo que deriva de los ingresos petroleros por ingresos tributarios.

La Contribución Empresarial de Tasa Única, criticada en sectores empresariales, académicos y sociales por distintas razones, es perfectible, pero no debiera descartarse por las malas razones: una ciudadanía reticente a pagar impuestos y un equipo político y técnico incapaz de negociar.

En ese tenor, bienvenido sea el saque de meta que ya pone una cifra en la mesa para empezar a conversar.

Un documento de la bancada panista, determina que puede bajarse la CETU de 0.5 a dos puntos porcentuales, para quedar al final del proceso en una tasa de 17%. Los empresarios quieren menos, muchos menos, hablan de 12%. En medio estará la negociación posible y deseable basada en argumentos técnicos más que políticos.

Después restaría obtener el número de votos necesarios para su aprobación con las bancadas de los partidos Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática, que permanecen sorprendentemente al margen de la discusión, esperando para fijar postura.

Este proceso legislativo es de importancia clave, no sólo porque la política financiera va a decidir la viabilidad de los proyectos de todos los gobiernos, sin importar el color partidista.

Negociar, por tanto, debe pasar por aceptar acuerdos políticos efectivos, con base en análisis técnicos serios.

No hay una sola vía para obtener los recursos que el país requiere. Pero no hay viabilidad a largo plazo para todos los mexicanos si no los obtiene. El fisco es un instrumento central para estimular el desarrollo económico y mitigar las brutales diferencias sociales que hay en nuestra nación.

El debate fiscal por tanto debe rehuir del pantano de las rivalidades políticas mezquinas.

Esas en las que pueden entramparse la Federación y el gobierno del Distrito Federal, que solicita refinanciamiento de la deuda.

El riesgo, como siempre, es que la ciudadanía quede atrapada en medio. Por ello es deseable encontrar la manera de atender técnicamente las oportunidades de refinanciamiento de la deuda capitalina. Sin embargo, otra vez es recomendable negociar para transparentar el uso que se da a los recursos públicos. Si, como debemos presumir, se emplean correctamente, no debe haber resistencia a ello.

Todos debemos pagar impuestos, con tasas justas, procedimientos claros y sin privilegios. Pero el gobierno debe probarnos que aplica con honestidad nuestras contribuciones. (El Universal).