Chávez ganó perdiendo

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ganó perdiendo. Al reconocer el rechazo a su propuesta de reforma constitucional, que entre otras cosas le hubiera permitido la reelección indefinida, logró anotarse un punto a favor como gobernante respetuoso de la democracia. Ojalá no se aparte de tal rumbo.

Su pretensión reeleccionista inquieta a poco más de la mitad de los venezolanos, que en el siglo pasado fueron sometidos en diversos momentos de su historia por dictadores militares que quisieron perpetuarse en el poder.

Chávez ha sido cuestionado repetidamente por su heterodoxa conducta internacional, en un mundo que privilegia las formas diplomáticas, pero nadie podrá regatearle ahora el mérito de haberse sometido a la expresión de la voluntad popular mediante el voto, máxime que su proyecto fue cancelado por 50.7% de los votantes, contra 49.29%, es decir, con poco más de un punto de diferencia.

Contra lo pronosticado por sus detractores, tampoco pareció haber tenido injerencia mayor en el proceso, a pesar de que tiene en sus manos todo el aparato de gobierno.

El saldo de la jornada del domingo pasado ha sido muy positivo para Venezuela. Puso a prueba la valía de los procedimientos democráticos y demostró, al menos en esta ocasión, que los ciudadanos de su nación sí cuentan con instrumentos de expresión.

Siempre está latente la mala idea de gobernar desconociendo la mayoritaria voluntad popular, que en futuras oportunidades deberá ser cuidadosamente ponderada tanto por el presidente Chávez como por los demás poderes, legítimos y fácticos, y por todos los grupos de interés que existen en aquel país. De hecho, no es desestimable la influencia que puedan tener en la vida nacional las Fuerzas Armadas, que no necesariamente han de responder siempre en bloque al mandatario.

Venezuela, como México y otros países latinoamericanos, necesita expresiones de sufragio efectivo como éstas para refutar la idea de que el desencanto generalizado por la democracia -que las encuestas revelan en la región- es una regla.

El rechazo a las pretenciones de Chávez, con todo y la campana respaldada en recursos públicos y costosos subsidios gracias al alto precio del petróleo, es un respiro para la pluralidad de pensamiento e ideología en Venezuela y Latinoamérica.

Nos demuestra que la gente de esta región también puede interesarse y luchar por sus derechos políticos; que no se conforma sólo con ver garantizadas sus necesidades más básicas y que, por encima de las izquierdas y derechas, prevalece el sentido común de que la democracia sirve de dique a la concentración unipersonal del poder, que ni siquiera en nombre de las más nobles y altas causas sociales puede ser positiva. (El Universal)