Chiapas es uno de los estados que alberga la mayor diversidad de primates en el país, lo que lo ha convertido en el epicentro del tráfico ilegal de estas especies. En un contexto en el que el mono araña (Ateles geoffroyi), el aullador negro (Alouatta pigra) y el aullador de manto (Alouatta palliata) están en peligro de extinción según la NOM-059.
Estos animales suelen ser extraídos de las selvas altas y medianas de la entidad para ser vendidos como mascotas, un negocio que deja a su paso una estela de sufrimiento.
Modo cruel
Según los datos de la Procuraduría de Protección al Ambiente (Profepa), detrás de cada cría que llega a manos de un comprador, al menos otros tres ejemplares son asesinados.
El modus operandi de los traficantes inicia con la caza de la madre con arma de fuego mientras esta carga a su bebé. Muchas de estas crías mueren al caer de los árboles, son aplastadas por el peso de la progenitora o fallecen durante el traslado en condiciones infrahumanas.
Las crías que logran sobrevivir son hacinadas en maletas o cajas de plástico, sufriendo hambre, deshidratación y un profundo trauma emocional que deriva en conductas autodestructivas como morderse o arrancarse el pelo.
El artículo 60 bis de la Ley General de Vida Silvestre prohíbe tajantemente el aprovechamiento extractivo de estos ejemplares, y el Código Penal Federal castiga este delito con penas de uno a nueve años de prisión.
Aseguramiento
Sin embargo, la demanda persiste. De 2019 a 2026, la Profepa ha asegurado 137 primates en el país, de los cuales 96 eran monos araña, siendo esta la especie más afectada por el tráfico en la región.
Por ello, el gobierno federal lanzó la campaña “Los monos no son mascotas”, dirigida a concienciar a los chiapanecos sobre las graves consecuencias de tener un primate en casa.
“Son animales salvajes. Al crecer, afirman su independencia y naturaleza, volviéndose difíciles de manejar e intolerantes”, advierten las autoridades.
Las autoridades hacen un llamado a la ciudadanía a no comprar, extraer ni poseer monos. Aparte de ser un delito grave, la salud de los bosques tropicales y el equilibrio ecológico dependen de su conservación en el hábitat natural.












