"Julio César Rincón * CP. Los pueblos indígenas que habitan la frontera sur chiapaneca se han caracterizado en las últimas décadas por enfrentar procesos de cambio cultural acelerados, reveló un estudio de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos indígenas (CDI).
Esta transculturización ha tenido como consecuencia el desplazamiento lingüístico y la sustitución de lenguas mayas como el jakalteko, kaqchikel, mam, mochó, q'anjoba'l y chuj, por el castellano.
Se trata, dice el informe, de una zona cultural que fue dividida en dos durante el siglo XIX, con el establecimiento de los límites fronterizos entre México y Guatemala, y cuyos habitantes han sido objeto durante distintos periodos históricos, de violentas campañas de aculturación.
Agrega que las políticas de castellanización y de integración forzada a la nación, impulsadas por los gobiernos posrevolucionarios, influyeron para que un importante sector de la población fronteriza chiapaneca negara durante varias décadas sus identidades indígenas y reivindicara exclusivamente sus identidades campesinas.
Los cambios en las políticas integracionistas, con el reconocimiento del carácter pluricultural de la nación mexicana, sobre todo a partir de la década de los setenta del siglo XX, abrieron nuevos espacios para la reivindicación de las identidades culturales de estos pueblos.
Sin embargo, la investigación expone que la mayoría de las políticas indigenistas no han tomado en cuenta la especificidad histórica de esta región.
""Partir de criterios limitados como la lengua, el traje o la existencia de sistemas cívico-religiosos para definir la pertenencia étnica, puede conllevar a exclusiones, y así, castigar una vez más a estos pueblos por los efectos de las políticas aculturadoras del Estado"", se alerta.
La región fronteriza que se estudió está integrada por ocho municipios: Tapachula, Motozintla, El Porvenir, Mazapa de Madero, Amatenango de la Frontera, Frontera Comalapa, La Independencia y La Trinitaria, que para 2005 tenían una población de 540 mil 505 habitantes.
De este grueso poblacional, sólo 4.7por ciento era reconocido como indígena, y únicamente 47 por ciento reconocía que hablaba una lengua indígena.
Por tanto, se trata de una zona con una presencia minoritaria de población indígena, pero que en las últimas décadas se ha caracterizado por un proceso de re-emergencia étnica, donde las identidades culturales se han convertido en espacios de organización política y productiva, resume el informe.
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