Todos tenemos bien claro que sin educación no hay progreso posible ni perspectivas de igualdad y, sin embargo, cada vez descubrimos en México más lastres que nos restan movilidad en la materia y por tanto igualdad de oportunidades en el presente y en el futuro la competitividad deseada.
Varios rectores de universidades públicas opinaron que los desencuentros entre la secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota, y la presidenta del sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo, retrasa el Plan Nacional de Educación, que a la fecha no se ha presentado, y el flujo de recursos hacia los estados.
Es indeseable insistir en la vieja conseja de que dos mujeres juntas irremediablemente sacan chispas; más bien pareciera haber discordias de fondo político que habrían de aclararse.
Sin embargo, más allá de estos roces a los que es desproporcionado adjudicarles la parálisis educativa nacional, habría que resaltar que, aun sin dicho plan, las universidades deberían buscar su propio rumbo, con programas de desarrollo de largo plazo, con bases de calidad, equidad, pertinencia social, innovación, vinculación e internacionalización.
Los maestros de primaria, por su parte, independientemente de lo que pase en las cúpulas, tienen que ensenar dos cosas simples: aritmética y gramática, algo que tampoco va a cambiar ningún plan.
De acuerdo con la prueba ENLACE (Evaluación Nacional de Logros Académicos en Centros Escolares), nueve de las 10 mejores escuelas primarias son privadas, con la circunstancia de que el primer lugar lo ocupa la escuela pública Francisco Villa, de Escuintla, en el muy marginado estado de Chiapas, lo que choca contra todas las sesudas teorías de los especialistas.
El sistema educativo siempre necesita ser repensado. En todo el mundo se hace ante el acelerado avance del conocimiento.
Hay particularidades que saltan de inmediato. Por ejemplo, es visible una nueva generación de becarios permanentes, que hilan hasta una docena de becas, sin que al producto de esos estudios e investigaciones se les dé una aplicación práctica. Esto también es un lastre.
Una transformación del proceso entero de la ensenanza, que parta del concepto y las técnicas y culmine con la reconfiguración de la estructura completa, es asignatura pendiente.
Tarea de mucha trascendencia para dejarla en manos del gobierno y el sindicato. La sociedad entera tiene que involucrarse en la amplia revisión del modelo que concentre las capacidades de los docentes en las aulas y no en las urnas.
Sin demérito de la educación privada, que en un país de libertades siempre debe existir, México tiene que jugarse a fondo y en definitiva por la educación pública.
En un país de contrastes, en una patria de desigualdades, la mejor vía para la equidad pasa por el salón de clases. Ahí es la meritocracia, no la cuna, lo que hace la diferencia cuando hay buenas condiciones para la ensenanza de mentes brillantes.
Hay que aspirar a que el promedio en la calidad de los educandos esté cerca de ese ejemplo luminoso que nos ha dado una sencilla escuela en Chiapas. (El Universal).











