Sacralizaciones entre voces, el suave aroma a incienso y copal; cruces y flores que decoran la ermita divina, y la virgen de Guadalupe custodiando al sagrado altar (Ch’ul mexa’), en lengua tsotsil.
El presbiterio de la familia Patishtán Licanchitón recibe a las almas atávicas quienes son guiadas por luces de cera, el arpa llorando con una lírica tradicional y oraciones sensibles que profundizan el misticismo de San Juan Chamula.
Entre alegría y dolor, doña Marush Patishtán celebra a sus difuntos, dándoles la bienvenida con una procesión familiar para recordar momentos seculares e inolvidables con la llamada “fiesta de las almas”, una tradición perteneciente a los mayas.
Espacio santo
Algunas miradas con espíritu inquieto y sésamo, juegan y se reflejan en el espacio santo, mientras los demás integrantes trabajan en el telar (Jolobil), una labor que dejaron sus antepasados, entrelazando la vida y la muerte para honrar a un pueblo ascético y resistente enclavado en el altiplano central del estado.












