Ch’ulel, entre la vida y la muerte

Ch’ulel, entre la vida y la muerte

En el municipio de San Juan Chamula y la comunidad de El Romerillo, Chiapas, el Día de Muertos es el regreso esperado de quienes emprendieron el camino hacia el mundo de las almas.

Entre montañas, cruces de madera y tumbas cubiertas de flores, las familias tsotsiles se reúnen para celebrar una tradición donde lo sagrado y lo cotidiano conviven con respeto y devoción.

Desde días antes, los habitantes limpian veredas y caminos para que sus difuntos lleguen sin tropiezos.

Regresan las almas

En el panteón, los montículos de tierra se cubren con juncia, fotografías y pétalos de cempasúchil.

Sobre ellos colocan veladoras, alimentos, cerveza o refrescos como ofrenda. Las cruces se levantan sobre el camposanto, mientras la música tradicional y las danzas acompañan el encuentro.

Por aparte, en El Romerillo, lugar de las 22 cruces monumentales de madera, la celebración adquiere un carácter singular.

Música ceremonial

Los danzantes, conocidos como max o monos, recorren el cementerio al ritmo de las guitarras y el arpa ceremonial.

La gente conversa, emite oraciones y comparte junto a sus tumbas, como si por unas horas la distancia entre ambos mundos se hiciera más corta.

Este ritual es conocido en tsotsil como K’in Anima o la fiesta de las almas.

La palabra “ch’ulel” nombra el alma o espíritu, presente en una cosmovisión donde la muerte no rompe los lazos familiares.

La lente de esta casa editorial atestigua que, entre el aroma del pom o copal, el color de las flores y las voces en su respectiva lengua, Chamula y El Romerillo mantienen viva una herencia ancestral, donde los difuntos vuelven a casa y la tradición sigue latiendo entre la tierra y el cielo.