"Manana se cumplen los primeros 100 días del gobierno del presidente Felipe Calderón y los saldos hasta ahora son de claroscuros, que deben volverse certezas en los próximos meses, a riesgo de detener el avance de la nación.
Cuando muchos sugerían al oído del nuevo mandatario dar un golpe de mano espectacular, similar al quinazo de Carlos Salinas de Gortari, usado en 1988 para legitimar una Presidencia impugnada desde su elección, la tónica presidencial en estos sus primeros días ha sido de prudente planeación y acciones en áreas específicas, como la seguridad pública.
Acaso de lo más fuerte han sido los operativos en Guerrero, Michoacán, Baja California, Nuevo León y Tamaulipas, así como la decisión de extraditar a los principales capos detenidos, que parecen haber influido en el reacomodo de los cárteles de la droga, pero que no han inclinado todavía la balanza a favor del gobierno.
Crimen organizado y narco son asignaturas pendientes de nuestra relación con Estados Unidos, que apenas habrán de definirse durante la próxima visita del presidente George W. Bush a Yucatán. Tiene razón Calderón cuando exigió ante periodistas de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que el mandatario estadounidense ""ofrezca una relación respetuosa, la nuestra, dijo, no debe ser de subordinación y menos de sumisión con EU, sino de igual a igual, de dos países que tienen problemas comunes y que tienen que resolverlos en conjunto"".
Las acciones en materia de desarrollo social han tenido como común denominador la incertidumbre con la que han iniciado. Programas como el de Primer Empleo, el de Oportunidades Energético, el de Guarderías, Escuela Segura y el de seguro médico a los nacidos en este gobierno, entre otros, padecen de falta de recursos o de problemas de logística que amenazan su viabilidad. Si todavía se pretende rebasar por la izquierda a las oposiciones, esto debe corregirse, porque la sola reducción de sueldos de funcionarios públicos es insuficiente para dicho propósito.
En materia de diálogo político y fortalecimiento de la democracia, la buena noticia fue el consenso de todos los partidos para sacar adelante en el Congreso el Presupuesto 2007, pero la mala nueva es el dato frío y duro de que en este tiempo ninguno de los líderes de partidos políticos se ha reunido con el secretario de Gobernación. El diálogo político interrumpido es pésima senal, porque durante el sexenio pasado se pudo constatar que la falta de acuerdos detuvo el progreso de México.
En materia económica se ha apostado a la estabilidad que dan los números macro y a la disciplina fiscal. Sin embargo, la realidad nos ha demostrado también que no es posible sólo aferrarse a ortodoxias y que no somos ajenos a la globalización. Tenemos presiones inflacionarias y una desaceleración económica global en puerta, que sin duda afectarán nuestros índices de crecimiento, de competitividad y de creación de puestos de trabajo, lo que sería catastrófico para quien prometió ser el ""presidente del empleo"".
Pasado este tiempo perentorio de pausa y beneficio de la duda que son los 100 primeros días, la compleja labor de gobierno tiene que empezar a arrojar resultados que no pueden esperar décadas para consolidarse. El país exigirá, de aquí en adelante, concreciones, no promesas ni pretextos. (El Universal)
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