"Alejandro Calvillo Unna * El Universal. Desde hace años se advirtió que, de no tomar medidas, México ocuparía el primer lugar mundial en sobrepeso y obesidad. Ninguna medida efectiva se ha tomado y hoy los niños mexicanos presentan el mayor índice de sobrepeso y obesidad en todo el planeta. Y sólo hay una causa: la clase política que ha estado al servicio de las empresas procesadoras de alimentos y carece de una cultura política en la materia.
En varios países, los alimentos y bebidas que se venden en las escuelas cumplen con un mínimo de calidad nutricional y la publicidad de la comida chatarra se encuentra prohibida en horarios infantiles de televisión y en sitios de internet dirigidos a los pequeños; además, se han establecido etiquetados frontales en los productos que contrarrestan los engaños publicitarios. En contraste, en México las empresas, con el apoyo de muchos legisladores, presionan para que ni siquiera sean publicadas las recomendaciones que indicarían qué tipo de alimentos van a ser vendidos en las escuelas.
Para muchos legisladores no está en su horizonte una reforma alimentaria en las escuelas. Mientras, Brasil y otras naciones dan pláticas a los escolares y éstos visitan las tierras de cultivo. De esa forma se garantiza la presencia de alimentos sanos en las escuelas, se fortalece la economía local de los pequeños productores y al mismo tiempo se educa de manera integral sobre la buena alimentación vinculada a la ecología.
La reforma alimentaria escolar logra así mejorar los hábitos de los niños, fortalece la economía de los pequeños agricultores y tiene un impacto no sólo al interior de la escuela sino en toda la comunidad. Podemos imaginar el impacto que tendría que los desayunos escolares proporcionados por el DIF, que han sido un negocio para grandes empresas como Alpura o Bimbo, fueran abastecidos por productores locales. Esto fortalecería la economía de la comunidad y contribuiría a recuperar la riqueza de la dieta tradicional mesoamericana.
Para demostrar cómo se puede realizar, preparamos un desayuno para la Secundaria 103 de la Ciudad de México que consistió en: dos barras de amaranto de Qualli -una cooperativa de agricultores productora de amaranto orgánico de Tehuacán, Puebla-, un vaso de leche orgánica descremada Prado Verde -proveniente de pequeños productores de la región Zoque de Chiapas, la cual endulzamos con chocolate elaborado con cacao orgánico de la cooperativa indígena de productores Kaykab con sede en Tapachula, Chiapas. Estos productos fueron acompañados con fruta de la estación, en ese caso mandarinas. El costo del desayuno fue de 7.50 pesos, menos de los 8 pesos que en promedio gastan los niños en las cooperativas de las escuelas públicas.
Con esto mostramos que sí se puede llevar un desayuno sano a una escuela, a un costo accesible, con productos naturales, incluso orgánicos, y de esta manera favorecer una buena alimentación, fortalecer la economía de productores rurales y promover una agricultura orgánica. Salud, conservación ecológica y fortalecimiento de la economía de comunidades rurales, sería el resultado de un programa integral de alimentación escolar. Decir que se perderían empleos por regular la comida chatarra en escuelas es una falacia. El fortalecimiento de las economías locales crea muchos más empleos que el acaparamiento del abasto en unas cuantas empresas que, en la práctica, se han convertido en monopolios.
Mientras estos programas ya deberían estar en desarrollo, nuestra clase política discute si deben o no salir a la luz los ""Lineamientos generales para el expendio de alimentos y bebidas en las tiendas o cooperativas escolares de los planteles de educación básica"", que no son más que recomendaciones cuya publicación se había anunciado para enero pasado. No nos merecemos esta clase política.
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