“No puedes venir y extirpar de tajo a las barras porque se van a quedar en un limbo social al perder esa entidad, y van a buscar adherirse a otros grupos sociales y dirimir estas emociones de manera violenta contra otras personas”, destacó el investigador de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), Pablo César Gallegos Pérez.
El comportamiento social de estas barras o de estos grupos de animación, sostuvo, recae en la masividad, es decir, lugares donde encuentran su razón de ser para articular ciertas prácticas que no harían de manera individual, expresó el maestrante en estudios culturales.
“El fútbol siempre se va a concebir dentro de las ciencias sociales como una arena para canalizar emociones en un estadio, el comportamiento de las barras bravas es muy parecido; establecen cánticos, ritos de masculinidad, maneras de vestir, y todo esto hace que mantengan una identidad bajo una bandera”, explicó.
Gallegos Pérez argumentó que sociólogos y antropólogos contemporáneos en Sudamérica han hecho algunos estudios sobre el comportamiento de las barras bravas y “la mayoría de ellos llegan a la misma conclusión, en los enfrentamientos se encuentra el cobijo y el apoyo del otro, se liberan tensiones, emociones, y en los casos más extremos, se llegan a situaciones como la ocurrida”.
“No debería ser así”, subrayó, sin embargo cuando ya hay brotes de violencia el actuar en las riñas se vuelve normal, y ejemplificó que “como individuo, inconscientemente no tienes la capacidad de hacer esos actos, pero cuando estás en grupo encuentras en la colectividad un cobijo, lo que te permite expresar estas emociones”.
“La Federación Mexicana de Fútbol tendría que ser muy inteligente, hablar y reflexionar con antropólogos y sociólogos para que estudien a estos grupos de manera muy puntual, ya que tienen una razón de ser”, puntualizó.
Así como proponer acciones para que paulatinamente se vayan erradicando estos comportamientos en las barras, y en el caso de eliminarlas, reintegrar a los miembros a otros rubros sociales para que puedan transmitir sus emociones de una manera más sana y puedan vivir en un (verdadero) estado de colectividad.
“Lo más importante es reivindicar a estos jóvenes para que puedan vivir socialmente en plenitud y ya no existan problemas de este tipo”, concluyó.












