Colombia en la ruta de la paz

El audaz rescate de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y de otros 14 rehenes en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) puede facilitar la plena pacificación de este gran país sudamericano, gobernado democráticamente.

La acción del Ejército colombiano sorprendió al mundo por su rapidez y eficacia. Sin ningún disparo, con enganos, subieron a Ingrid, capturada desde hace más de seis anos, a tres contratistas estadounidenses y a 11 soldados y policías en un helicóptero, sometieron a sus custodios y volaron hacia la libertad.

El operativo corona una sucesión de hechos que en cuatro meses dejaron a las FARC sin sus cabecillas Manuel Marulanda Tirofijo, fallecido por causas naturales; el 1 de marzo, Raúl Reyes, segundo en el mando y encargado de las relaciones internacionales, murió en el bombardeo de un campamento instalado en territorio ecuatoriano, que tensó el trato entre los gobiernos de Bogotá y Quito, y la misma semana otro dirigente, Iván Ríos, fue asesinado por su guardia personal.

Así crece la convicción de que estos ya no son tiempos propicios para conquistar el poder mediante la guerrilla.

Las FARC, formadas hace 44 anos por militantes marxistas-leninistas, se coludieron con el paso del tiempo con bandas de narcotraficantes y se dedicaron al secuestro, la extorsión, el terrorismo y el abigeato. Paradójicamente, solían disfrazarse de policías para cometer los plagios, estratagema similar a la que los hizo víctimas en este notable episodio de las selvas colombianas.

La tentación de aplastar militarmente a los restos de la guerrilla puede ser muy grande en estos momentos de euforia triunfalista.

Sin embargo, conviene dar una oportunidad a la convivencia civilizada, con el ofrecimiento de una rendición incondicional y la cuidadosa aplicación de la ley a los responsables de la dolorosa etapa de violencia, inestabilidad y muerte que puso varia veces en crisis a la nación entera y en riesgo el equilibrio regional.

Pero también deben ampliarse los cauces de la participación política legítima a quienes con todo derecho disientan del gobierno.



Una autoridad fortalecida debe ser magnánima.

Más importante que el recorrido por la Basílica de Guadalupe serán las entrevistas que el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, John McCain, sostenga en México sobre asuntos de narcotráfico y migración, ambos componentes inherentes a la seguridad regional.

Debe reconocerse que McCain ha manifestado hasta ahora gran disposición de reforzar la lucha de México contra el narcotráfico y es de esperarse que en la conferencia de prensa que dé en el nuevo Centro de Mando de la Policía Federal de Iztapalapa reitere ese apoyo.

Si bien ahora asume posiciones más duras contra los indocumentados por conveniencia política, puede encontrarse en su respaldo a la reforma migratoria integral -que George W. Bush propuso al Congreso de su país- una posición común al interés mexicano en la materia.

Sumar a lo anterior el apoyo de McCain al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, punta de lanza de la integración regional, brinda al republicano un mayor margen de entendimiento con este país que el demostrado hasta ahora por su contendiente. (El Universal)