Ante los actuales acontecimientos ambientales en el mundo, donde los recursos naturales se han visto condicionados, Chiapas y sus múltiples espacios verdes deberían ser sujetos a conservación especial desde la doble perspectiva: gobierno y de la sociedad
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En una aportación para Cuarto Poder, Amado Ríos Valdéz, delegado en Chiapas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), dijo sobre el tema que tenemos un planeta, pequeño para el universo, grande para nosotros; pero en cualquier caso, único. Un planeta magnífico, que nos ofrece los recursos necesarios para la vida y que nos permite moldearlo y utilizarlo, pero que es único, finito y frágil. No tenemos otro, es nuestro hogar. Pero está seriamente amenazado.
La escasez de agua de calidad provoca enfermedades cada vez más comunes como la disentería, el cólera o el tifus. El problema afecta especialmente a niños, mujeres y ancianos. La diarrea ocasionada por beber agua en mal estado es la primera causa de mortalidad infantil en los países en desarrollo, por delante de enfermedades como el Sida o la malaria. Cuatro mil niños mueren al día por pobreza hídrica en el mundo. La ONU estima que unas 42 mil personas fallecen cada semana en todo el planeta, debido a agua de baja calidad y a la ausencia de un sistema de saneamiento adecuado. Más de 2 millones de personas mueren cada año en el planeta por causas relacionadas con la contaminación atmosférica.
Los cálculos del Panel Intergubernamental para Cambio Climático señalan que para 2100 la temperatura de la superficie planetaria se incrementaría entre 3.7 y 7.8 grados centígrados, es decir, tres grados más del peor escenario posible estimado por ese grupo en su reporte de 1990. Pero no es necesario esperar un siglo para vivir los efectos del calentamiento del planeta. Un reporte de la NASA, publicado el 12 de mayo pasado, señala que la contracción de los glaciares en la Antártida occidental ya cruzó el punto de quiebre y éste ahora es irreversible e imparable.
El exponencial crecimiento demográfico de la especie humana, que en los últimos 150 años se ha elevado de 1000 millones a más de 7000 millones de habitantes, es una presión constante sobre los recursos del planeta.
Sin embargo, son los otros dos incrementos, el económico y el tecnológico, los que entran en conflicto más frontalmente con el futuro de la vida en la tierra. El crecimiento económico ha supuesto, no obstante, esquilmar los recursos del planeta a un ritmo superior al derivado del aumento poblacional.
La evolución de nuestras tecnologías nos ha proporcionado las herramientas necesarias para una mayor destrucción, pero somos nosotros, todos nosotros, los que elegimos la destrucción. Somos los primeros humanos en la historia que respiran 400 partes por millón de CO2. Vivimos en una sociedad consumista que paradójicamente produce más de lo que consume, y al mismo tiempo, permite que millones de personas padezcan hambre. Actualmente los seres humanos tiramos a la basura el 35% de los alimentos producidos.
Para sostener este ritmo de consumo en los siguientes decenios, necesitaremos más de un planeta, 1.5 planetas tierra para ser más precisos.
En Chiapas tenemos, como en todo el país, estas mismas amenazas. Las selvas y bosques, los ríos y mares son amenazados por nuestra actividad y consumo irrefrenable. Las áreas naturales protegidas, como la de Montes Azules y la del Cañón del Sumidero, son amenazadas seriamente y por quienes quieren destruirlas a cambio de un beneficio fácil e inmediato, y a costa de los últimos reductos de biodiversidad, capital natural, fuente de conocimiento y pulmones de nuestro planeta.
Pero no es éste un futuro apocalíptico. Tenemos alternativas que hemos ido construyendo.
La inteligencia humana, su mayor característica y su ventaja competitiva respecto de las demás especies, junto con el instinto de conservación, nos impulsan a generar tecnologías, actividades, prácticas, que permiten producir energía limpia para todas las actividades posibles: el transporte, la producción industrial, la producción agrícola y pecuaria, las actividades del hogar, el entretenimiento, la educación, etc.
Tenemos alternativas para producir alimentos para todos los seres humanos, alimentos sanos, nutritivos y sin contaminantes.
Tenemos alternativas para generar menos residuos sólidos y menos residuos peligrosos. Tenemos tecnologías para no contaminar el agua, y para hacer potable el agua contaminada, para llevar el agua limpia y potable a todos los habitantes del planeta.
Ahí están las soluciones que hemos generado con nuestra inteligencia y solo hace falta que con esa misma inteligencia las pongamos en práctica, no como una moda, no como una dádiva, sino como una necesidad imperante en todas y cada una de nuestras actividades.












