"Jean Meyer * SUN
Se acumulan los indicios de que la trata de mujeres y ninos aumenta sin parar. La liberalización de la conducta sexual en la mitad más desarrollada del mundo no ha perjudicado al más antiguo negocio del mundo, sino que ha disparado, ampliado y diversificado el ramo. Une a países y ricos, a productores y consumidores, como en el caso de las drogas.
Ninguna sociedad, ningún Estado ha encontrado la solución a un próspero negocio que no deja de ser un doloroso problema humano. En el ""mejor de los mundos"", la prostitución de los adultos podría ser asumida de manera voluntaria. Uno podría imaginar prostitutas y prostitutos trabajando en toda libertad para cubrir una demanda existente, para satisfacer a sus clientes en un intercambio mercantil de servicios contra dinero. Ni más ni menos que un médico o un pedicurista, un sicólogo o un peluquero. En la realidad, las cosas no ocurren así.
Dejemos la moral a un lado: durante mucho tiempo nuestra vieja madre, la Iglesia católica, no se ofendía demasiado por la existencia de prostitutas y les daba su lugar, como la sociedad global: una profesión reglamentada, con su cofradía, su templo o su capilla, su santa patrona, sus capellanes. Cuando la modernidad, la Ilustración, el progreso pretendió acabar con el comercio ahora ""inmoral"" de los cuerpos, empezó por el encierre en zonas rojas, con la linterna del mismo color y el control policiaco, médico y fiscal. Algunos países mantienen esa línea hasta la fecha, otros criminalizaron el oficio, para mayor gusto de los padrotes y de los funcionarios corruptos, y mayor sufrimiento de las sexotrabajadoras -ni hablar de los trabajadores.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó en una sentencia, en 2001, que la prostitución forma parte de las actividades económicas ejercidas de manera independiente, a condición de que sea ""por cuenta propia, sin vínculos de subordinación y a cambio de una remuneración pagada íntegra y directamente"".
Sin embargo el comercio de los cuerpos, la industria del sexo, no es un comercio, no es una industria como las demás. La violencia es decisiva en la producción de la mercancía sexual que representa el cuerpo de la persona prostituida (la palabra viene del latín y significa estar de pie en la calle, en la banqueta). El legislador, el político, el ciudadano podrá discutir para saber si hay que distinguir entre comercio sexual voluntario y comercio sexual forzado, entre prostitución ""libre"" y trata de esclavos.
El problema es que en nuestros países 25% de los hombres han sido usuarios y que existe una verdadera explosión mundial de la prostitución. Si he de creer -y lo creo- un reportaje de Alejandro Suverza (EL UNIVERSAL, 16 de agosto de 2005), en 2004 México importó 18 mil argentinas y 8 mil 766 brasilenas y en los primeros seis meses de 2005 otras 18 mil argentinas y 12 mil brasilenas. Todo esto sin contar checas, búlgaras, rusas, etcétera.
Ese comercio mundializado e industrializado cubre la prostitución de mujeres y ninos, el turismo sexual, la industria pornográfica. La UNICEF calcula que 2 millones de ninos, si no es que 4, y que otros 4 millones de mujeres son, cada ano, víctimas de la prostitución. Cada ano 500 mil mujeres entran ""al mercado"" en Europa (cifras de 2001). El negocio generaría entre 7 mil y 12 mil millones de dólares al ano. No es sorprendente descubrir en el mapa que las poblaciones más afectadas por el fenómeno provienen de los países pobres del sur y del este. La trata de mujeres y ninos va de sur a norte y de este a oeste, tanto en Europa como en América; en el caso de Japón, la corriente viene del sur y del oeste. Es uno de los negocios más lucrativos del crimen organizado.
Las mujeres que ejercen hoy la prostitución en Espana son en 90% inmigrantes en situación irregular, lo que significa que son totalmente dependientes de los proxenetas que las hacen trabajar y les han confiscado su pasaporte o las chantajean con una amenaza de muerte contra sus hijos o su familia en su país de origen. En Espana el comercio sexual mueve 50 millones de dólares cada día; hay 11 mil plazas en hoteles, además de pisos, locales, y 20 mil mujeres que se prostituyen en clubes de carretera. El 50% de las mujeres son latinoamericanas, 35% vienen de Europa del este, 10% de África. Una estimación baja habla de 40 mil, mientras la más alta sube a 300 mil...
No tengo las cifras para México, pero corremos el riesgo de encontrarnos con la paja en el ojo del vecino.
El negocio es clandestino, pero transparente, y todo el dinero va a la economía ""informal"". Más de 90% de los compradores son varones y más de 95% de la mercancía comprada son mujeres: otro caso, sin duda, de la desigualdad entre hombres y mujeres, de la sujeción de las segundas a los primeros. zQué hacer si no queremos limitarnos a las lamentaciones?
La verdad, no sé. Holanda desde 2000 ha reglamentado la prostitución y, desde luego, prohíbe que sea el resultado de la violencia o del chantaje. Debe ser un trabajo voluntario, los duenos de los burdeles deben declarar sus ganancias y el salario que pagan, pagar el Seguro Social y sus impuestos. Individual o en prostíbulo, el ejercicio de la profesión debe ser registrado en la alcaldía. Sin embargo, el gobierno reconoce que es muy difícil hacer reales esos derechos y eliminar las mafias.
El gobierno sueco, al contrario, piensa que se puede eliminar la prostitución: desde 1999, en Suecia, el cliente es castigado con una fuerte multa o una pena de cárcel. La postura sueca es que no se puede comprar a una persona y que su modelo abolicionista se puede aplicar en el mundo entero. ?Suerte!, pero lo dudo. No sé cuál es la solución, pero la prostitución de regiones enteras del mundo tiene y tendrá efectos a largo plazo nada positivos, tanto sobre las sociedades como en las mentalidades.
Profesor investigador del CIDE
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