Comida escasa en albergues

Marco González * CP. El muerto y el arrimado a los tres días apestan, dice el dicho popular y justamente eso nos empieza a pasar a la gente de Nueva Colombia que fuimos albergados en esta cabecera municipal de Ángel Albino Corzo, dijo una madre de familia que aceptó la reubicación.

La ayuda por parte del Ayuntamiento, que es en la alimentación, se empieza a reducir, a pesar que se les dieron instrucciones claras y precisas a los de la Presidencia Municipal de tendernos la mano, sobre todo porque estamos en desgracia, dijo otra mamá.

Nuestra comunidad puede quedar sepultada por un derrumbe. No se vale que la comida nos la estén racionando, señaló otra de las madres de familia quienes solicitaron el anonimato.

No somos limosneras y con garrote, pero no queremos que nuestros más de 150 niños pasen hambre, tercia otra mujer damnificada por las pasadas lluvias.

No queremos grandes comidas, sino raciones suficientes. Al parecer la gente que colabora con la primera dama del municipio no entendió las instrucciones que dieron las autoridades federal y estatal, o a lo mejor como ya se van dentro de poco, poco les importa lo que pase o lo que les diga, precisa.

La bodega que le sirve de refugio a esta gente que fue evacuada de su comunidad tras el desgajamiento de los cerros, se ha acondicionado para que temporalmente les sirva de hogar en tanto se construye una ciudad rural en las inmediaciones de esta cabecera municipal.

En ese sitio hay un total de 530 personas de las cuales son 153 mujeres, 166 varones y 211 niños.

Algunos otros pobladores de Nueva Colombia han buscado albergue con amigos o parientes de algunas comunidades vecinas a su localidad.

Las madres de familia saben que tendrán que empezar de nuevo. Ese es el reto, pero confían en poder salir adelante.

Tenemos que salir adelante por nuestros hijos, señalan por separado estas mamás, quienes piden apoyo para poder trabajar y dejar de ser una carga.

En nuestra comunidad, allá mal que bien los niños comían bien. Esa es la principal preocupación de una mamá, dice una de ellas. Ahora, tenemos que darle de nuestra ración. Eso duele, dice otra. La tercera confía en que se dé un cambio de actitud en los colaboradores de la municipalidad, aunque ya vayan de salida.

Para algunas de estas familias, el dejar sus parcelas es motivo de preocupación, porque las pocas hectáreas de café que tienen, es su único patrimonio para poder empezar de nuevo y ahorita que el aromático grano tiene buen precio, sería injusto que les robaran lo poco que les queda, además de sus vidas.

No nos falta valor civil para decir nuestros nombres, comentó una de las mujeres, pero no queremos que nos vayan a discriminar a nuestros niños todavía más.

Sabemos que nos faltan todavía muchos sufrimientos, pero en el alimento no, por favor, dijo una de ellas con los ojos llorosos. Ojalá que sea un mal entendido pasajero, porque de seguro que a la gente de la municipalidad no les gustaría que les pasara lo mismo a sus hijos. No se lo deseamos a nadie, subrayó.