Comienzo y perspectiva

"Francisco Valdés Ugalde * CP. El presidente Calderón ha iniciado su gobierno con brío y acciones decididas. Nombramiento del gabinete, toma de protesta exitosa en condiciones hostiles, anuncio de medidas inmediatas para adecuar el presupuesto a esferas prioritarias, encarcelamiento de las cabezas de movilizaciones en Oaxaca con acusaciones de la justicia, entre otras.

Sin duda esto refleja una decisión de Calderón que al menos tiene dos componentes. El primero es actuar rápido y bien para afianzar su autoridad y darse margen de maniobra, menoscabados por los acontecimientos postelectorales. El segundo es establecer las bases de una visión del quehacer de los próximos anos para dar viabilidad al país. Entre los quehaceres principales deberá estar una reforma institucional cuyos alcances aún están por verse.

La situación nacional urge a emprender esta reforma buscando consensos amplios. Éstos han probado ser de difícil obtención. Todos nos preguntamos por qué es tan arduo alcanzarlos. La respuesta es sencilla pero no fácilmente asimilable. A todos los actores políticos les resulta más atractivo, les da mayores réditos, un régimen político con nichos de oportunidad y ventajas para fortalecerse individualmente, al costo de hacer más difícil concurrir en acuerdos para el beneficio colectivo, porque éstos implicarían, entre otras cosas, ceder en algunas de sus convicciones y plataformas políticas y renunciar a prebendas que el sistema les brinda.

Examinemos algunos ejemplos. Todos los actores y, desde luego, la prensa y la sociedad, han insistido en la necesidad de recortar el financiamiento público a los partidos políticos. La discusión va y viene, se actualiza con particular intensidad cuando se aproximan los periodos electorales y, una vez que éstos ocurren, a todos nos queda el mal sabor de boca de campanas prolongadísimas, de falta de reglas para garantizar la competencia civilizada de cara a la sociedad, con una presencia opresiva de los medios electrónicos que las vacían de contenidos relevantes y con gasto tan ostentoso que insulta a una sociedad llena de carencias.

Pues bien, cuando llega el momento de debatir seriamente las reformas necesarias, los partidos políticos adoptan una postura de postergación, las coaliciones internas a los partidos hacen presión para evitar cambios que afectarían su posición en la distribución de recursos y su poder para derramar dinero sobre poblaciones a las que han convertido en clientelas electorales. Si llevamos este mismo principio al plano de los candidatos más prominentes, zcuál de ellos estaría en disposición de ceder recursos que le dan mayor posibilidad, así sea solamente marginal, de luchar palmo a palmo contra sus adversarios por los votos? zQuiénes entre ellos desearían aparecer menos tiempo en la radio y la televisión, con lo que disminuiría su exposición al público y la penetración de su imagen? zAcaso los medios de comunicación estarían dispuestos a no ejercer presión contra la reducción de un financiamiento que se traduce en grandes rentas?

Como puede ver el lector, la respuesta está en las preguntas mismas. Si las dirigencias de los partidos y los candidatos están ""en sus cabales"", ninguno tiene por qué desear menos de lo que recibe actualmente. Si la televisión y la radio actúan con sentido ""empresarial"", lo último que admitirían es recibir menores transferencias de dinero público a través de los partidos. Asimismo, los partidos tendrían menos márgenes para ""suspirar"" por el favor de los medios masivos de comunicación, algo difícil de aceptar, a pesar de que de este modo se van convirtiendo en sus apéndices.

Otro asunto que se ha mencionado con frecuencia es la reforma del Congreso. Entre otras cosas, se ha dicho que es necesario reducir el número de diputados y senadores. En el caso de los primeros se ha sugerido una reducción de 100 curules de representación proporcional. De ser así, esa Cámara tendría 400 en vez de 500. Si esta medida se implantara, implicaría para los partidos, desde luego, mayor estrechez en los márgenes de maniobra tanto electorales como en el Congreso. Podrían obtener más o menos la misma cantidad de diputados de mayoría por partido pero, en un escenario como el actual, zcuál de ellos desearía obtener un número menor de representantes? Estamos hablando de un sacrificio que oscilaría entre los 20 y 30 diputados para cada uno de los tres partidos con mayor votación, sin hablar de los menores. Es decir, menos militantes del partido, menos miembros de sus bases clientelares tendrían acceso a una curul. Lo mismo pasaría si esta medida se aplicara al Senado.

A falta de un cambio fuerte en los equilibrios de fuerza, un punto de vista estrictamente ""interesado"", como es el de los actores políticos, carece de motivos para iniciar el cambio y tiene, por el contrario, fuertes motivaciones para mantener el status quo. Los costos de emprender una transformación son mayores que las posibles ventajas, a menos que se produzca un acuerdo entre todos los actores para reducir simultánea y equitativamente los beneficios de todos en aras de un objetivo superior.

Las razones por las que este acuerdo podría tener lugar son sólo dos. O bien el gobierno sigue una estrategia por la cual, al tratar de inducir estos cambios que Calderón esgrimió en su campana, consigue mover las piezas decisivas para modificar los incentivos que hoy le dan a la oposición y a su propio partido más razones para conservar que para cambiar; o bien la presión social traducida en exigencia de estos cambios crece, de modo que la relación costobeneficio entre conservar y cambiar se altere diametralmente.

Aunque no son imposibles, ambos escenarios se antojan difíciles de conseguir. Quizá una conjunción de las dos vías haga más factible una reforma institucional seria. Es la perspectiva que el país requiere. Sin embargo, los antecedentes reportan esperanzas negativas.



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* Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

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