Como Cuaresma| como crisis

"Jean Meyer * / El Universal. Según el calendario litúrgico católico, acabamos de pasar el Miércoles de Ceniza para entrar en el tiempo de la Cuaresma, periodo de 40 días de penitencia y oraciones que precede la Semana Santa, conmemoración de la muerte y resurrección de Jesucristo. Desde el siglo IV los cristianos vienen recordando en esa forma los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto y las tres tentaciones que le presentó el Astuto. Hasta hace poco los cristianos ayunaban, cada quien a su manera, liviana o rigorosa, pero el sentido de la penitencia debería ayudarnos a enfrentar la crisis.

De la seriedad de la crisis zquién dudaría? A los dirigentes políticos y económicos se les puede reprochar muchas cosas, menos la de maquillar la situación, de minimizar la crisis.

El presidente Obama, a la vista de las últimas estadísticas sobre la economía de su país, declara que ""el desastre continúa (...) la economía es cada día m*s enferma (...) y bien podría hundirse en una crisis que podría revelarse como imposible de sanar""; el presidente Sarkozy promete a los franceses ""la crisis del siglo, sin precedentes, de una brutalidad total""; su colega inglés dice que la crisis actual ""es mucho más grave y seria que la de los anos 1930"".

Un taxista me decía que nuestros dirigentes, la prensa, la radio y la televisión deberían bajar el tono en lugar de empujarnos a la depresión sicológica y, por lo mismo, a una gran depresión económica; hay que saber que mi taxista era un ingeniero que acababa de perder su trabajo en una pequena companía a punto de quebrar. Además argumentaba que el ultrapesimismo de los políticos y de los empresarios es una manera de defenderse, de no aceptar su responsabilidad en la situación actual.

Ahora bien, los hechos son duros y reales: hay crisis, es muy grave y parece que nadie sabe qué hacer. El historiador tiene la impresión, falsa posiblemente, pero irresistible, de hojear una Historia de las crisis, siglos XIX y XX. No solamente de las crisis, sino del ciclo completo en tres etapas: prosperidad, crisis, liquidación para volver a entrar en una fase positiva, etcétera...

Así la crisis presente no ofrece nada nuevo, sino su dimensión, como se puede leer en el número de marzo -acaba de salir- que la revista ISTOR dedica a las crisis en la historia. Su dimensión mundial hace más difícil encontrar la salida que en otros tiempos porque su manejo tiene que ser colectivo, cuando no existe el gobierno internacional que daría la impulsión y realizaría la maniobra.

Lo que nos devuelve al tema de la Cuaresma. Quien dice Cuaresma dice penitencia, lo cual implica conocer, reconocer sus errores -pecados-, y arrepentirse; luego viene el sacrificio, tradicionalmente en forma de ayuno, prolongado por una conversión: lo que se ahorra ayunando se da a los pobres y hay que cambiar de vida.

Bueno, zpor qué no dar gracias a la crisis, si no hay mal que por bien no venga? Decrecimiento, frugalidad, defensa del medio ambiente, cambio de nuestras relaciones con la naturaleza. Todo esto nos remite al arrepentimiento de nuestros pecados (después del diagnóstico-examen de conciencia), ayuno y conversión a una nueva conducta. El ayuno cuaresmal sería el fin del hiperconsumo, de consumir por consumir. No cabe duda de que la recesión nos llama rudamente la atención y nos dice de cambiar nuestro modo de vida fundado sobre el crédito fácil y el consumismo.

zEstamos dispuestos al arrepentimiento, ayuno y conversión para construir una sociedad más justa, a conservar lo que queda de la naturaleza, a preparar un mundo decente para las futuras generaciones? El Christian Science Monitor de Boston escribe que ""resistiendo al llamado del comercio y de los economistas que los empujan a comprar, algunos americanos renuncian a los excesos, reevalúan sus prioridades y sienten así un sentimiento bienvenido de libertad"".

Cada uno de nosotros podría así ""ser parte de la solución, en lugar de ser parte del problema"". La crisis nos obliga a preguntar cuál es el sentido de un ""progreso"" automático e incesante desprovisto de finalidad alguna, sin ningún tipo de proyecto común, hacia algo mejor.

Tenemos la capacidad tecnológica de destruir toda la Tierra, pero no tenemos la menor idea de adónde vamos. Los jefes de Estado y de las empresas parecen impotentes frente a la evolución del mundo; ?ojalá y su parálisis pesimista lleve a una movilización general de los mejores espíritus y de todos los medios para encontrar el camino! Para eso hay que entrar primero en Cuaresma. [email protected] * Profesor investigador del CIDE

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