Cómo identificaron el sexo de la Reina Roja

La Reina Roja usaba atuendos tallados en jade.
La Reina Roja usaba atuendos tallados en jade.

En exclusiva para Cuarto Poder, la arqueóloga chiapaneca Fanny López Jiménez relató cómo fue que luego de hacer el hallazgo en 1994 de la tumba de un gobernante de Palenque, descubrieron que se trataba de una dignataria, al mismo tiempo relata cómo fue que ella se involucró en el proyecto. Al hacer el hallazgo de la tumba de la Reina Roja, ¿cómo supo que era una mujer? Antes de abrir el sarcófago le dije a Arnoldo “¡Es mujer!”. Fue intuición, pero me costó una regañada que no tienes idea, porque sí, realmente la arqueología es científica, no es intuitiva, pero fue algo que me nació. Arnoldo me dijo: “¿Cómo te atreves a decir eso, si ni siquiera sabes si hay algo adentro del sarcófago?”. Yo pensé: “No lo sé, pero de que es mujer, es mujer”. Estaban ahí todos los custodios y a partir de ahí se dijo que se trataba de la abuela de Pakal, de la mamá de Pakal, de la tía de Pakal, ¡de la concubina de Pakal!, todo se lo atribuían a Pakal, y antes de que Arturo Romano la viera, ya todo el mundo sabía que lo que había ahí era una mujer. De Pakal, algo tenía que ser, pero sabían que era mujer, y todo a partir de una intuición. Yo incluso pensé “donde no sea mujer…”, pero qué bueno que así fue. Cuando ya analiza los huesos el maestro Arturo Romano, lo primero que pregunto fue: “¿Qué es?”, y me dice: “Es mujer”. ¿Cómo la invitaron al proyecto? Bueno, hice mis prácticas de campo en Palenque cuando todavía era estudiante. Ahí conocí a Arnoldo, que también es chiapaneco. Él es de aquí de Tuxtla. Entonces terminé la práctica y regresé a la Ciudad de México a concluir mis estudios. Hice mi servicio social en el Templo Mayor y terminé, pero pensé “¿Qué hago aquí?, me regreso a Chiapas. Estudié arqueología para hacer algo por mi estado, y me fui. Regresaba con la idea de que si venía seguro alguien me iba a llamar para trabajar en el proyecto en el que estuvieran. A lo mejor Arnoldo me llama para trabajar en Palenque”, pensé, también estaba Sonia Rivero en Lagartero y había varios proyectos. Cuando vine aquí, con Carlos Silva, que era el director del Centro INAH, le dije que venía a hacer mi tesis, que quería analizar la cerámica para ver la influencia teotihuacana en la cerámica maya. Entonces Carlos Silva muy amablemente me abrió las puertas. Recuerdo muy bien que estaba atrás del escritorio, y me dijo: “Ten, las llaves de la bodega”, y me las dio, algo que ahorita no lo pueden hacer. Yo dije: “¡Guau!”. Entré a la bodega y empecé a ver una gran cantidad de material y no sabía por dónde comenzar. Era un mundo de cosas. Creo que llevaba apenas un mes de estarme familiarizando con la bodega, cuando llegó Arnoldo un día y me dice lo que yo esperaba oír: “Fanny, ¿quieres trabajar en Palenque?” y respondí que sí, al instante. Entonces me dijo, “Pero te vas a hacer cargo de la bodega de materiales”. “Yo le respondí que de lo que fuera. Entonces yo me integro por invitación de Arnoldo. Fui la última arqueóloga que se integra a este proyecto; eran siete arqueólogos con 300 trabajadores entre albañiles, peones, arquitectos, restauradores, antropólogos, dibujantes, fotógrafos, ingenieros, en fin, una gran cantidad de gente, y yo la última arqueóloga en integrarme a este proyecto, lo cual agradezco eternamente a Arnoldo”. “Como cada quien tenía asignado su frente de trabajo, a mí me tocaba la bodega, y Arnoldo me fue dando poco a poco las cosas, pero nunca me quitó de ese cargo. Me dijo que había que hacer un trabajo en Nututun, en el sitio arqueológico donde ahorita está el hotel; había que topografear, hacer un registro… porque estaban los planes del hotel, del restaurante y de los demás. Me dio ocho personas para que me fuera todas las mañanas y recibiera el material de la bodega, y así lo hice. Entonces el primer sitio donde estuve fue ahí”. “Ahí salieron mis primeros entierros, muy sencillos, depositados ahí nada más sobre la tierra, pero yo ya me sentía integrada al hecho de ser arqueólogo, porque cuando estaba a cargo de la bodega no era lo mismo: me tocaba lavar, marcar y clasificar, pero era diferente ver que mis compañeros regresaban y decían “Encontré una tumba”, “Encontré una ofrenda”… Después trabajé con Arnoldo en el Templo de la Cruz Foliada y me salieron tumbas de cista que ya eran más elaboradas: con incrustaciones de jade y de otras piedras, encontré algunos portaincensarios de cerámica también, así fui escalando en mis hallazgos hasta llegar a la tumba de la Reina Roja”.