Después de más de un año de enfrentar un proceso judicial, acompañar a su hija en su recuperación y lidiar con cuestionamientos de personas cercanas, una madre de familia decidió romper el silencio y compartir su experiencia como víctima indirecta de un caso de violencia sexual contra una adolescente.
Bajo el nombre de “Ana”, utilizado para proteger su identidad y la de su hija, la mujer ofreció su testimonio acompañada por integrantes de la Fundación Internacional Granito de Arena A.C., organización que brinda atención psicológica y acompañamiento a sobrevivientes de violencia sexual y sus familias.
Elena del Rosario Torres Villanueva, presidenta de la Fundación Internacional Granito de Arena A.C., explicó que la decisión de la madre de hacer público su testimonio tiene como propósito sensibilizar a la sociedad y visibilizar una problemática que, aseguró, continúa rodeada de mitos y cuestionamientos hacia las víctimas.
Testimonio
La madre relató que se enteró de lo ocurrido en diciembre de 2024, cuando recibió una llamada en la que le informaron que su hija se encontraba hospitalizada.
A partir de entonces comenzó un proceso que incluyó la atención médica, la denuncia ante las autoridades y posteriormente el acompañamiento psicológico para su hija y para ella.
La adolescente, que tenía 14 años cuando ocurrieron los hechos, presentó afectaciones emocionales que requirieron atención especializada.
Su madre explicó que llegó a autolesionarse y tuvo dificultades para dormir, por lo que también recibió atención psiquiátrica.
Fue a través de la Fiscalía como la familia conoció el trabajo de la Fundación Granito de Arena, donde la menor comenzó a recibir atención psicológica.
La madre también fue incorporada al proceso de acompañamiento, al considerar que las familias de las víctimas enfrentan impactos emocionales importantes.
Presiones para retirar la denuncia
Uno de los momentos más difíciles, relató, ocurrió después de presentar la denuncia, cuando recibió mensajes en los que presuntamente le ofrecían dinero a cambio de retirarla.
Aseguró que también enfrentó presión por parte de algunos familiares, quienes le sugirieron aceptar un acuerdo, mientras otras personas cercanas al presunto agresor cuestionaban la acusación y ponían en duda el testimonio de su hija.
Esta situación, dijo, incrementó su sentimiento de culpa y soledad. Incluso reconoció que llegó a autolesionarse debido a la presión emocional que enfrentaba.
La mujer señaló que, ante la falta de respaldo de parte de algunos integrantes de su propia familia, encontró apoyo principalmente en la familia de su pareja y en el personal de la Fundación Granito de Arena.
Una sentencia después de meses de lucha
El caso llegó recientemente a una primera resolución judicial, con una sentencia condenatoria de ocho años de prisión contra el agresor quien, de acuerdo con el testimonio de la madre, se encuentra detenido.
Aunque reconoció sentir cierto alivio por el resultado, explicó que el proceso no ha terminado emocionalmente para ella ni para su hija.
Existe la posibilidad de que continúen etapas legales relacionadas con la resolución.
Manifestó preocupación por la seguridad de su hija ante posibles represalias, por lo que continúa extremando cuidados y procurando que la adolescente no permanezca sola.
Explicó que tuvo que dejar de trabajar durante más de un año para permanecer al lado de su hija y acompañarla durante las diferentes etapas del proceso.
Actualmente, dijo, procura estar atenta al estado emocional de su hija, respetar sus momentos de enojo o tristeza y acompañarla sin presiones, además de continuar con el apoyo psicológico.












