El Foro Económico Mundial (FEM) presentó ayer su Informe Anual sobre Competitividad, en el que reporta que México bajó siete lugares, al pasar del sitio 48 al 55 de la lista. Los criterios con que se califica a los países evaluados toman como referencia su nivel tecnológico, la calidad de sus instituciones públicas, las condiciones macroeconómicas, así como percepciones de empresarios en las que se incluyen temas como la corrupción, la inseguridad y el favoritismo gubernamental hacia ciertos grupos o empresas.
En el caso concreto de nuestro país, se mencionan como motivos del descenso la falta de reformas estructurales energética, fiscal, laboral, los crecientes gastos de las empresas para contratar sistemas de seguridad o reponer inventarios por robo, así como inestabilidad jurídica para las companías, sobre todo las extranjeras.
Es lamentable que se tenga esta visión del país en algunos foros internacionales, sobre todo en aquellos que influyen en las decisiones de los inversionistas globales. Ciertamente, el país atraviesa por momentos importantes y de definición en áreas estratégicas, como son la lucha contra la criminalidad y el mantenimiento del equilibrio sano de las variables financieras. Lo que implica la construcción de consensos internos que no son fáciles, pero que forman parte de la cotidianidad democrática del país.
Es el caso de las reformas estructurales, que si bien tienen amplia demanda de los capitales foráneos, al interior son permanentemente debatidas, puesto que hay una amplia oposición de grupos sociales y sindicales a las mismas. México tiene que decidir lo que le conviene como país, y en ese proceso estamos.
Lo mismo sirve para el caso de la lucha contra la delincuencia, que ha costado muchas vidas, pero es una batalla que se da todos lo días, por lo que no se puede decir que el país esté cruzado de brazos al respecto.
En materia de corrupción y favoritismo a ciertos grupos, a los que hace referencia el FEM, resulta notable que hoy eso se ha visto como un escollo, cuando a lo largo del tiempo la experiencia muestra que empresarios del exterior se vieron favorecidos e, incluso, fomentaron prácticas ajenas a la legalidad, para construir emporios e instalar negocios en México. Por supuesto, ello no supone que esto los involucre a todos o que eso sea lo correcto o deba ser así todo el tiempo, pero en el caso de la transparencia administrativa y la rendición de cuentas, el país también ofrece resultados que no por lentos pueden ser desconocidos o soslayados a la hora de hacer una evaluación general y seria del país.
Como cualquier otra nación en el mundo, necesitamos capitales foráneos que complementen nuestra inversión local. Ello genera empleos y transferencias de tecnología y sistemas invaluables.
De hecho, la inversión extranjera directa que llega anualmente a México mantiene ritmos de crecimiento anuales similares a los de naciones industrializadas, en vista del clima de negocios tan favorable que han encontrado. Tampoco se han registrado durante los últimos anos fugas de inversiones o cierres masivos de plantas, porque quien invierte en el país ha decidido no retirar sus capitales de aquí.
Estos flujos de inversión no están reportados en el informe del FEM y ayudarían a ponderar mejor la imagen que tiene el país en la comunidad internacional como territorio hospitalario para los negocios. Por supuesto, es valido atender senalamientos y detectar aquellos focos rojos que pudieran amenazar la estabilidad económica del país, para perseverar en ellos y atenderlos con prontitud, de acuerdo con lo que democrática y soberanamente conviene a los intereses del país y a todos los mexicanos. (El Universal)











