El Día Internacional de la Lengua Materna se creó el 21 de febrero por la Unesco, pero después de más de dos décadas los pueblos originarios desconocen el motivo de la conmemoración.
Georgina tiene 20 años y migró desde Oxchuc a Tuxtla Gutiérrez para trabajar como empleada doméstica. Es hablante del tseltal, pero dice que en su comunidad las mujeres y hombres se van a otros lugares y dejan de hablar la lengua materna.
Su numerosa familia se separó, la mitad vive en San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez, donde laboran en distintos rubros, y la otra mitad está en Oxchuc.
Dijo que sus sobrinos que viven en las grandes ciudades tampoco hablan el tseltal porque dejó de importar aprenderlo.
A decir de José Manuel del Val Blanco, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, cuando se muere una lengua, muere una forma de ver el mundo: “Es el instrumento de mayor alcance para la preservación y el desarrollo del patrimonio cultural tangible e intangible”.
Para el investigador el contexto de las lenguas indígenas en el país es malo, pues hay una condición poco propicia para su desarrollo; “las lenguas se extinguen porque no hay hablantes”, pero consideró que la enseñanza y práctica de las lenguas en las escuelas ayudaría a conservarlas y a fomentar la identidad nacional.
Otras realidades
Es necesario que además del discurso oficial, las instituciones realicen más esfuerzos para caminar con las comunidades y llevar la información sobre la importancia de preservación de estos saberes, que no solo tienen que ver con la comunicación, sino con una concepción del mundo, coincidió Roberto Lorenzo Rueda, titular de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas en Chiapas e investigador zoque.
De manera oficial son 13 las lenguas reconocidas en Chiapas, pero según la documentación del investigador zoque, son al menos 17 de acuerdo a las poblaciones que se asentaron de otros países –principalmente Guatemala–, por la ubicación fronteriza de la entidad.
Pero cuatro de estas lenguas están en peligro de desaparecer y se trata del teko, chuj, muchó e ixchil, situación que se agravó tras las muertes por covid-19, causando la pérdida de varios hablantes.
Y qué pasa si la lengua materna desaparece, “afecta directamente a la comunidad porque se acaba un universo, se mueren las formas de nombrar el tiempo y el espacio, se muere esa conexión con la naturaleza y desaparece esa unión desde la cosmovisión con la parte física, que al final repercute en el pueblo”, precisó Lorenzo Rueda.
“En un país como México, que es clasista, racista y discriminatorio, creo que tal vez para una población muy grande no significa nada perder una lengua, hay muchas lenguas que ya se han perdido, como la chiapaneca”, añadió.
Mientras tanto, las estadísticas a nivel mundial reportan el declive de una cada 5 o 10 días. Con ello las nuevas generaciones construyen sus propias memorias y contextos, “pero lo más importante se pierde y no lo conocerán, porque ya no están ahí”.
El investigador zoque nombra como realidades, por un lado, a la institución y por el otro a los pueblos originarios.
Destacó que es el motivo para llevar los esfuerzos institucionales a las comunidades para hacerlos tangibles y no se quede en el discurso, en el eslogan o en la entrega de un bastón de mando.
Ejemplificó que el pueblo zoque no fue consultado sobre la decisión del Pleno de la Cámara de Diputados que declaró el 8 de enero como Día Nacional de las y los Zoques, a partir de una iniciativa presentada por el diputado Raúl Bonifaz Mohedano.
Saberes cosmogónicos
En la milpa, en los ríos, en los ojos de agua, donde los pueblos construyen los personajes míticos, pero cuando se fragmenta —no solo desde la parte social— también se fractura el espacio físico con contaminación, con la tala de árboles, también se genera la desaparición de estos imaginarios.
Lorenzo Rueda reiteró que gran parte del declive de estos importantes saberes que conectan con la naturaleza, es la migración propiciada por conflictos generados por proyectos o megaproyectos del Estado bajo la promesa de desarrollo, pues “los obligan a irse de sus espacios”.
Aunque es parte de la estructura institucional federal, Lorenzo Rueda es convocado a las asambleas, reuniones ejidales, talleres como parte de la comunidad y por su faceta como académico.
En estos espacios de convivencia ha comprobado que muchas personas desconocen sobre el Día Internacional de la Lengua Materna.
“La fecha es importante, pero la información no llega o aterriza otro tipo de información, y no está mal que no sepan, pero es importante cuestionarse: ¿cuál es la aportación de la institución al declive de las lenguas para atender la educación, la salud o los derechos?”, destacó.












