Con el desorden perdemos todos

Durante el último ano ha costado trabajo hacer que los actores políticos abandonen posiciones de fuerza que rayan en la intolerancia, creyendo que ceder un ápice en la mesa de negociaciones es claudicar frente al enemigo. Nada más equivocado. Sin embargo, pareciera que con motivo del primer informe de gobierno del presidente Felipe Calderón, partidos y gobierno dejan entrever que son capaces de llegar a acuerdos, a pesar de las presiones de los sectores duros de sus respectivos ámbitos. Después de haber rebajado la dignidad del Congreso de la Unión a un vergonzoso espectáculo legislativo el pasado 1 de diciembre durante la ceremonia de toma de posesión presidencial en el recinto oficial de San Lázaro, ahora los legisladores de todos los partidos han buscado en verdad alternativas para hacer que el desgastado protocolo del informe de gobierno sufra una transición y devenga a futuro en otro método de rendición de cuentas públicas donde no se privilegie el culto a la personalidad del Presidente de la República que heredamos de otras épocas y de otro México. Por su parte, el equipo de Calderón analiza la posibilidad de que el Presidente no acuda el sábado a Palacio Nacional para cruzarse la banda tricolor, símbolo de su investidura, para no provocar a los simpatizantes del PRD que insisten en manifestarse sobre la plancha del zócalo capitalino. En ese escenario, transitaría directamente a la Cámara de Diputados para entregar su primer informe de gobierno ante el Congreso de la Unión, y al día siguiente podría asistir a un acto en el Auditorio Nacional, donde dirigiría un mensaje. A nuevos tiempos tendríamos nuevos usos y costumbres. También hay senales en el sentido de que una vez pasado el 1 de septiembre, las reformas electoral y fiscal estarían listas para ser aprobadas por diputados y senadores, lo que ha exigido a los partidos políticos sentarse a negociar, punto por punto, ambas iniciativas. Como es propio de toda negociación, nadie quedará del todo satisfecho, pero tampoco del todo frustrado. Ceder algo para no perder todo está en la esencia del ejercicio negociador. Así pasa en todas las democracias. Este reaprendizaje de la tolerancia y el diálogo entre las distintas fuerzas políticas requiere que se minimice, hasta donde sea posible, el conflicto y el enfrentamiento, porque nada garantiza que el entendimiento y los acuerdos sean para siempre. Hay preocupantes focos rojos en el país que deben ser conjurados en bien de hacer avanzar a nuestro sistema político en paz. Las elecciones en el estado de Veracruz del próximo domingo, por ejemplo, demuestran que oportunidades para que los partidos se peleen sobran. Allí, el verano está más cálido por el frenético enfrentamiento entre Manuel Espino, dirigente nacional del PAN, y el gobernador Fidel Herrera, que debe ser atemperado por los propios candidatos y por la ciudadanía veracruzana.

La pasión acelera el corazón, pero el cerebro es el que debe imponer las razones para el comportamiento en política. Nos debe quedar claro que con el desorden perdemos todos, incluidos los promotores de desencuentros. (El Universal).