Con la salud no se juega

Un aspecto poco difundido de la industria farmacéutica es la vigilancia sobre las reacciones secundarias que provocan determinados medicamentos. Se tiene conciencia de que las fórmulas en etapa de desarrollo e investigación son particularmente supervisadas, sin embargo, ahora nos encontramos con que aun medicinas de uso popular generan efectos en quien los consume, poniendo en riesgo no sólo la salud sino la vida de los pacientes. Urge saber más del tema y ponerle una solución.

La semana pasada se realizó el Congreso Nacional de Farmacovigilancia, en el que se concluyó que antibióticos, analgésicos, antihipertensivos y antineoplásicos que pueden adquirirse sin receta en las farmacias se encuentran en una lista de la Comisión Federal de Riesgos Sanitarios (Cofepris) como los más reportados por causar efectos secundarios a quienes los consumen.

Son ascendentes, ano con ano, las notificaciones sobre molestias y danos causados por ampicilinas, naproxeno, paracetamol, trimetroprima, vitaminas y minerales, entre otros, que de manera cotidiana se usan para combatir cosas tan comunes como resfriados, inflamaciones o infecciones gastrointestinales. El tema es delicado.

Es práctica común que en las cajas de las medicinas se advierta de los posibles efectos secundarios de los componentes de la fórmula y que se senalen grupos de individuos con determinada propensión o alergia a sus ingredientes, pero la recurrencia de reportes adversos obliga a ir más allá, porque nada garantiza que lo que ayer fue efectivo para combatir ciertas enfermedades, hoy también lo sea.

La inminente apertura fronteriza a medicamentos elaborados por laboratorios que no tienen plantas productoras en el país para diversificar la oferta y presionar así los precios de las medicinas a la baja contribuirá a la complejidad del control del riesgo sanitario. Sí, necesitamos medicinas más baratas; tampoco tenemos por qué sobreproteger a laboratorios con presencia en territorio nacional. Sin embargo, antes de abrir dicho sector, tenemos que garantizar que lo que ya existe en el mercado sea en verdad seguro para su consumo y, más aún, que tengamos la capacidad, en el gobierno y en la sociedad, de vigilar y sancionar que millones de recetas que se extienden todos los días en los consultorios del país no sean en realidad un peligro para los pacientes.

Sería inaceptable que manana, la Secretaría de Salud, vía la Cofepris, nos dijera que ante la complejidad del mercado, lo cambiante de los efectos secundarios de las medicinas de uso popular, la abundancia de fórmulas hechas a partir de patentes vencidas y la llegada masiva de medicinas de nuevos laboratorios, su capacidad de vigilancia y supervisión está rebasada.

Necesitamos saber cómo se va a ordenar el mercado de las medicinas y cuál será la reglamentación que habrán de seguir los laboratorios, así como la forma en que se hará el seguimiento de los efectos de los fármacos, porque no queda muy claro cómo se hará. Con la salud de los mexicanos no se juega. (El Universal)