Con sabor de América Latina

"La diversidad latinoamericana se dio cita ayer en Managua, donde un presidente, Daniel Ortega, asumió por segunda vez el poder, con la presencia, entre otros, de su colega mexicano Felipe Calderón. Mucho ha cambiado desde 1979, cuando los sandinistas tomaron el poder por primera vez. Lo que se mantiene inamovible -a pesar de que intermedio se firmó un Tratado de Libre Comercio con América del Norte- es la voluntad de la actual Presidencia mexicana de honrar los lazos fraternales con el sur.

En su segundo viaje a la región, primero como Presidente electo y ayer ya en funciones, Calderón pronunció un mensaje que deja en claro su comprensión de que México puede servir mejor a la concordia y cooperación continentales respetando sus vínculos hacia el norte, pero reforzando su mirada hacia el sur sin pretensiones de liderazgo, que son más costosas que benéficas.

La identidad cultural -y sentimental- de México está con América Latina: cantamos las mismas canciones, nos emocionan los mismos poetas, nos enamoran los mismos actores.

Pertenecemos a ella por geografía, historia, lengua y pasiones, aunque el interés económico actual de México está en Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, fuente de trabajo de 20 millones de compatriotas y con quien compartimos 3 mil kilómetros de frontera.

Cuando hace 45 anos el presidente Adolfo López Mateos dijo al mariscal Tito, Josif Broz, presidente de Yugoslavia, que el principal problema de México eran 3 mil kilómetros de frontera con Estados Unidos, el legendario guerrillero socialista comentó: ""Yo me conformaba con tres"".

Así vivió México por décadas: desgarrado entre aceptar su pertenencia geográfica al norte y sin transformar su carino por Latinoamérica en acciones concretas, cuando menos hasta ahora, que el presidente Calderón empieza a mostrar voluntad de acompanar sus calurosas declaraciones con una presencia repetida, viajando dos veces en menos de cuatro meses a la región.

Es el comienzo. Un comienzo positivo después de muchos anos de desatención hacia el sur.

Nuestras relaciones con América Latina pueden ser para beneficio mutuo. Encaramos los mismos ancestrales problemas de miseria, ignorancia, insalubridad, fragilidad democrática, subdesarrollo, en suma, son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. Podemos buscar soluciones juntos.

La advertencia queda respecto al riesgo de que si este despegue diplomático mexicano no fructifica, los problemas en el vecindario, a querer o no, nos afectarán.

Por ejemplo, nacionales y empresas mexicanas pueden verse afectados si se arrastra el conflicto con Venezuela y con Cuba, y no se resuelve una infructuosa rivalidad con Brasil; porque si México ha vivido conflictuado entre dos identidades, los mercados financieros no tienen duda respecto de dónde colocarlo: su riesgo es latinoamericano y en consecuencia su calificación crediticia refleja los vaivenes regionales. (El Universal).

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