A dos años de pandemia, y con medidas de sana distancia y poca afluencia en los templos, inicia la cuaresma con el denominado Miércoles de Ceniza, que marca el inicio del periodo de 40 días previo a la Semana Santa, que recuerda la pasión, muerte y resurrección de Cristo; el llamado es al ayuno y a la oración por la paz del mundo.
En la diócesis de Tapachula hay un especial llamado al exhorto a la paz mundial, a la condena de los actos violentos que causan temor y zozobra en la población; el marcar la frente con la ceniza que proviene de la quema de palmas bendecidas el año anterior en la celebración del Domingo de Ramos, como un acto de humildad.
Después de dos años de pandemia en las que imperaron acciones radicales de sana distancia para evitar el contagio, este miércoles fue de lo más normal, en comparación a lo que ocurría hasta antes de mismo mes pero de 2020.
Se consideró que debido a los tiempos de pandemia que aún se viven, “es pertinente extender la oportunidad de ofrecer y recibir el rito de la imposición de la ceniza hasta el sábado 5 de marzo, de manera que todos puedan recibirla gradualmente sin hacer aglomeraciones en los templos.”
Asimismo, como medida preventiva, este rito se celebra imponiendo la ceniza sobre la cabeza para evitar un contacto directo entre el sacerdote con el creyente, y no en forma de cruz sobre la frente, como se practicaba en años anteriores.
La religiosa Nelly Hernández fue la responsable de oficiar la ceremonia en la parroquia de San Agustín. En su mensaje manifestó que el periodo de cuaresma es un tiempo favorable para hacer un cambio de vida, teniendo como objetivo el sacrificio de Jesús.
Expuso que la cuaresma “invita a la conversión, cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de la vida no radiquen tanto en el poseer sino en el dar, no está bien en el acumular sino en sembrar el bien y compartirlo”.












