De tiempo atrás se anunciaba que al final de la presente administración estatal se entregaría un sinfín de permisos en diversas modalidades de transporte; de acuerdo con informes oficiales, suman alrededor de cinco mil los que serían distribuidos en todo Chiapas. Sin embargo, en opinión de transportistas, dicha entrega vendría a sobresaturar la oferta en un mercado que ya se encuentra copado.
Se dice que las concesiones son otorgadas como premio de fin de sexenio, pero lo mejor en este caso sería que se hiciera una revisión de las que ya están en poder del gremio en general, ya que se dice que estos permisos han sido acaparados por algunos grupos de transportistas, algunos de los cuales llegan a tener treinta o más placas, las que por el mismo número son trabajadas por asalariados que tienen años laborando en ese sector sin poder lograr un juego para ellos.
El asunto de las concesiones es sumamente sensible, pues no únicamente se limita a lo anterior, sino también implica la responsabilidad que contraen quienes trabajan en el transporte de pasajeros en la ciudad, pues casi todos los días se atestiguan violentos accidentes que cobran vidas de los usuarios o en otros casos van a parar al hospital del que luego salen con secuelas que nadie quiere indemnizar.
El transporte de pasajeros en la moderna ciudad capital de Chiapas, hay que decirlo, está mal. Utilizar vagonetas -combis- para dar servicio a miles de personas es algo que no debiera permitirse, pues estas unidades aparte de que no son apropiadas para ese uso, son conducidas a velocidad excesiva por choferes inexpertos y desconsiderados con los pasajeros, todo lo cual da como resultado lo que ya se anotaba: accidentes con saldo de víctimas fallecidas o incapacitadas.
El transporte de pasajeros no debería ser botín de unos, tampoco debería ser premio para nadie. El servicio a los usuarios es un asunto de grave responsabilidad social y jurídica, sin embargo ambas se eluden en Tuxtla, y si eso sucede en la propia capital, sede del gobierno, el traslado de personas en los municipios y en las áreas rurales es todavía peor, casi en las condiciones en que se traslada el ganado, en camiones, y no hay autoridad que intervenga.
Por otra parte, en cuanto a la modalidad de carga de materiales diversos, también debería hacerse una reflexión, pues antes de soltar concesiones primero tendría que hacerse un estudio de la demanda para determinar si es conveniente aumentar el número ya existente, de otra manera la entrega vendría a perjudicar a quienes trabajan todos los días en esta modalidad.
Sin hoy hay 22 mil permisos, ¿podría la Secretaría del ramo determinar si son pocos, suficientes o están sobrados?
Como se ve, el transporte en lo general es un servicio que está relacionado con variables, que tiene implicaciones graves no sólo de marcado sino de responsabilidad, por ello bien harían quienes ahora se disponen a entregar miles de estos permisos, si reflexionaran y previeran cuál será el impacto de esas acciones. ¿Quiénes saldrán beneficiados?
El objetivo en este caso es el usuario, por lo general de un estrato social bastante vulnerable, pues quien cuenta con ciertos recursos nunca hace uso del transporte público por su pésima calidad.











