Ayer en el Lunes del Cerro, fecha en que debería comenzar la Guelaguetza, pero en Oaxaca no hay nada que celebrar. El prolongado enfrentamiento entre la APPO y el gobernador Ulises Ruiz mantiene en alerta a policías y soldados, mientras que otro conflicto, el magisterial, puede complicarse aún más por el antagonismo entre Elba Esther Gordillo y Josefina Vázquez Mota.
Hay razones para temer violencia contra los pocos turistas que valientemente decidieran asistir a esa tradicional fiesta de bailes y danzas de todas las regiones del estado, cuyo espíritu original es el de aglutinar al mosaico de culturas locales.
Los appistas quieren impedir la fiesta para exhibir a Ulises Ruiz como incapaz de mantener la mínima gobernabilidad en el Estado.
El surgimiento de la APPO, hace un ano, fue gestado por la represión contra los maestros de la sección 22 del SNTE que demandaban que sus salarios fueran nivelados con los de los maestros de Chiapas, así de rezagados andaban.
Ahora, las demandas incluyen la destitución del gobernador, la liberación de presos, una mesa de diálogo en la Secretaría de Gobernación, indemnizaciones y castigos a represores.
Es claro que las tensiones en Oaxaca se han desbordado. Los sabotajes hace unas semanas del grupo guerrillero denominado EPR, con orígenes en ese estado, afectaron el importante corredor industrial del bajío mexicano.
Pero la complicación es de ida y vuelta. La tensión con la que comienza la semana de la Guelaguetza aumenta por el creciente desencuentro entre quien ahora maneja de manera vitalicia el sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo Morales, y Josefina Vázquez Mota, la secretaria de Educación Pública.
En una entrevista, Gordillo acusa -desde la isla de Coronado frente a San Diego, California, donde pasa parte de su tiempo- a la titular de la SEP de haber politizado a la secretaría que dirige.
Si bien la mayoría de los maestros se aglutinan en la disidencia al liderazgo de Gordillo, en nada ayuda al ya de suyo enredado escenario estatal -y en el de cualquier otro espacio de la República- que autoridades y representantes sindicales no logren trabajar en armonía.
Los choques de personalidades o proyectos políticos en ningún caso deberían ser a cargo de la calidad de la educación, o la gobernabilidad del país. El ano pasado, los ninos de Oaxaca pasaron meses sin poder acudir a las aulas, sería criminal repetir esa situación ahí, o iniciarla en cualquier otra parte de un país cuyo futuro depende de la educación para dar igualdad de oportunidades a todos sus ciudadanos.
Porque con independencia de los jaloneos políticos de cualquier signo, sólo la educación podrá resolver asuntos verdaderamente de fondo, como los hoy descritos en la región mixteca, donde conviven las prácticas de poligamia con la venta de hijas adolescentes, de 13 a 15 anos de edad. Ambos hábitos tienen una explicación: el uso de la mujer como moneda de cambio en los lugares con mayor rezago educativo.
Es posible que por segundo ano consecutivo no se celebre la Guelaguetza, pero lo que ya es un hecho es que en el escenario de Oaxaca siguen trenzándose muchos de los problemas nacionales. (El Universal).











