Confundir gimnasia y magnesia

"Jean Meyer * El Universal. Es lo que hizo el gobierno francés al confundir el asunto judicial de la francesa Florence Cassez y las relaciones bilaterales entre nuestros dos países. Las reacciones de la Secretaría de Relaciones de Francia, luego las de la alcaldesa de Lille, dirigente del Partido Socialista y precandidata a las presidenciales de 2012, y finalmente las del presidente de la República, Nicolas Sarkozy, provocaron la digna, firme, positivamente realista respuesta del gobierno mexicano: retirar su participación oficial al Año de México en Francia. El presidente francés había tomado la iniciativa de invitar a México, pero como el tribunal mexicano le negó el amparo a Florence Cassez, decidió que el Año sería también el año de Florence Cassez y que cada evento empezaría con la denuncia de la ""denegación de justicia"" por parte de ""unos dirigentes mexicanos"". ¿Cómo imaginar que el gobierno mexicano hubiera podido dar su visto bueno a manifestaciones transformadas en su condena? Era una manera para el anfitrión de cancelar el Año de México sin asumir la responsabilidad de la medida; justo lo que pedía la madre de Florence Cassez.

""¡Están locos estos galos!"", exclaman a cada rato los soldados romanos en la famosa tira cómica de Asterix y Obelix. No creo que sea prudente echar más leña a un fuego iniciado por declaraciones imprudentes desde 2009, cuando el presidente francés tomó la palabra en el Senado, diciendo más o menos: ""Me han dicho de no hablar del asunto de FC; por eso les voy a hablar del asunto"". Hace varios meses que apostamos que si, como era de esperarse, el tribunal fallaba en contra de la solicitud de amparo, iba a arder Troya. Ardió, y se ""secuestró"", ahora sí, un evento cultural muy esperado.

La historia de las relaciones entre nuestros dos países es muy positiva; la historia de las relaciones entre los gobiernos cuenta con varios episodios lamentables, comparables al presente y, curiosamente, del lado francés, en estos casos, solamente en estos casos (menos mal), ha predominado la miopía, la arrogancia, el desconocimiento de México. Víctor Hugo distinguía entre Francia y su gobierno cuando escribía a los poblanos sitiados por el ejército de Napoleón III: ""No es Francia quien les hace la guerra, es el Imperio"". Sobran en mi correo electrónico los mensajes de simpatía de colegas y amigos franceses que se desligan por completo de la posición asumida por su gobierno.

Una antropóloga que llama a la toma de iniciativas favorables a México escribe: ""México es un gran país que realizó una transición democrática controlada y enfrenta hoy un problema interno de lucha contra el narcotráfico y la delincuencia. ¿Cómo creer a los que consideran 'evidente' que todo su sistema político es corrupto y toda su justicia al servicio de políticos deshonestos? Sin respetar el hecho de que México es un país de derecho, el gobierno francés lo trata como una república bananera, exigiendo que su gobierno presione a la justicia, ¡¡¡sin duda para probar su respeto de la separación de poderes!!!

""México considera desde siempre la lucha contra la delincuencia como un asunto interno, no usó nunca propaganda xenófoba y si Cassez fue arrestada, no lo fue por francesa, sino porque se encontraba en medio de una pandilla de mafiosos. Y ahora ciertos políticos franceses, de manera vergonzosa, lanzan una verdadera campaña de difamación contra México"".

Otra persona me escribe que eso permitirá disimular las responsabilidades oficiales en la gestión de lo que hubiera debido ser tratado por las vías diplomáticas habituales. Para X, ""este asunto es una buena ilustración del estado de nuestra diplomacia: nada que decir sobre lo que ocurre en los países árabes (la ministra de Relaciones pasó Navidad en Tunesia, viajando en avión privado de un gran empresario tunecino, mientras que el primer ministro hacía lo mismo en Egipto, invitado por Mubarak), nada sino banalidades humanitarias. La intervención de Sarkozy da el tono de la campaña electoral"". Hay que saber que Francia, como México, tendrá presidenciales en 2012 y el electoralismo, tanto de izquierda, como de derecha anda desatado.

El presidente Nicolas Sarkozy es un hombre temperamental e impulsivo, lo cual no tiene por qué ser un defecto, siempre y cuando pueda canalizar esta desbordante energía. Empezó su mandato con un golpe maestro, al lograr del déspota libio que se eterniza en el poder, el coronel Kadafi, la liberación de las enfermeras búlgaras y del médico palestino, injustamente acusados de contagiar niños libios con el sida. Luego se desvivió para liberar a Íngrid Betancourt y si no lo logró no fue su culpa. No hay por qué dudar de sus buenas intenciones con Florence Cassez, pero al confundir la gimnasia con la magnesia provocó el actual fiasco.



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Investigador del CIDE

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