Conocer al narco

Con todo y que son asesinos, secuestradores y vendedores de sustancias tóxicas, los narcos siguen siendo humanos, y todos los humanos, hasta donde sabemos, necesitan motivos, creencias y un sentido de pertenencia. Aunque es obvio, no es intrascendente. Cuando se gasta tanta energía en aplastar a un enemigo por la fuerza puede olvidarse que para eliminarlo primero hace falta conocerlo.

Del tamano de la amenaza depende la relación fuerza-inteligencia. En el caso mexicano, el narcotráfico ha probado ser muy resistente a la acción militar por su alto poder corruptor y por el arraigo que mantiene en comunidades enteras. El propio secretario de la Defensa calcula en al menos 500 mil las personas vinculadas de alguna manera al narcotráfico. Si sumamos todo el crimen organizado -tráfico de personas, trasiego de armas, contrabando-, muchas más engrosarían el cálculo. Familiares, amigos, paisanos y beneficiarios del crimen que respaldan ese modo de vida.

Frente a esta realidad, admitida también por funcionarios federales, es urgente que respondamos a las preguntas: zcómo se recluta a un adolescente para convertirlo en traficante o asesino? zCómo se garantizan los pactos entre las mafias? zCómo se forma la identidad de sus miembros? zCómo logran que algunas poblaciones les sean afines?

Conocemos poco. Sabemos, sin embargo, que usan la religión para reclutarlos, para ayudarles a administrar su conciencia, para cohesionar a sus miembros y, como cualquier humano, para dar motivo a su existencia.

Cuando al paso de los anos los mexicanos descubramos que los operativos son insuficientes para ganar esta guerra enraizada en la sociedad, quizá entonces usemos métodos más sociológicos y menos bélicos. Bien saben los buenos generales que las batallas difíciles se ganan con estrategias de guerra sicológica más que con las armas. (El Universal)